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 XXXIII Congreso Argentino de Derecho Internacional

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 XXXIII Congreso Argentino de Derecho Internacional
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XXXIII Congreso Argentino de Derecho Internacional

 33º Congreso Argentino de Derecho Internacional

-Neuquén, septiembre 2022-


Sección de Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público

Prerrelato

El Atlántico Sur en claves geopolíticas

Por Gustavo E. Barbarán

El relato se compone de los siguientes temas distribuidos en capítulos respectivos:

1. Introducción. Asumiendo que se trata de una construcción nacional, Alberto Methol Ferré consideraba que “toda política es geopolítica” en tanto “perspectiva global de la historia en la dinámica de los espacios” (2015:110). Entonces, habrían tantas en el Atlántico Sur como países involucrados en el área; sin embargo, existe una consideración implícita acerca de que solo grandes potencias “hacen” geopolítica, y por ende habría una aplicada a nuestra región.

Sin embargo, los Estados suramericanos y africanos con costas en ambas márgenes del Atlántico Sur siguen con atención los despliegues de países extra-zona, con limitadas posibilidades de imponer las propias estrategias de seguridad nacional o regional. Hasta ahora parece improbable compatibilizarlas en una visión de dimensión regional o continental.

En la Argentina, la geopolítica sigue marginada de los grandes debates políticos; no obstante, en numerosos ámbitos se han producido estudios de calidad, expuestos en actividades académicas específicas y en variadas publicaciones.

El presente relato se presenta como hipótesis de trabajo y pretende potenciar la reflexión geopolítica en el ámbito de la AADI, pues -coincidiendo de nuevo con Methol- “el intelectual debe tener un pacto irrenunciable con el esclarecimiento lo más explícito posible de la realidad” .

2. ¿A dónde va el mundo? Resulta oportuno despejar esta incógnita: ¿vivimos ya en un mundo multipolar o es solo una posibilidad? Los cambios históricos son consecuencia de procesos a veces poco perceptibles hasta para sus propios protagonistas.

Durante el siglo XX hubieron sucesos con sustancia suficiente para generar secuelas geopolíticas a mediano y largo plazos, indicativos del paso del orden eurocéntrico/atlántico a uno multipolar, debido a lo que diversos autores señalan como el fin del “orden” de Westfalia.

Según Mark Leonard  “Occidente ha dominado durante mucho tiempo el sistema global. De hecho, presentó sus empresas, instituciones y normas como universales, casi como bienes públicos globales”; por ello, posiblemente las peleas decisivas del siglo XXI sean sobre el poder redactar dichas reglas, ya que un orden multipolar necesitaría normas más eficaces para balancear poderes estatales, considerando la economía como factor central de la dinámica del poder. Es un dato de la realidad que todavía los destinos del mundo siguen decidiéndose en el hemisferio norte, aún considerando la emergencia de los países del Indo-pacífico.

3. Breve descripción del Atlántico sur y de sus países costeros. En esta parte se exponen aspectos básicos referidos a la división de los océanos en el mundo, cómo se los delimitó y en qué ámbitos, a la oceanografía e incidencia de las grandes masas de agua y atmósfera en las condiciones de vida de todo el planeta.

A continuación sigue una descripción del Atlántico en general y del Atlántico Sur en particular, sus dimensiones y límites, y otra de los países costeros americanos y africanos, con un cuadro comparativo que ofrece los datos más relevantes de los países involucrados.

Por su importancia estratégica se menciona el collar de islas del Atlántico Sur, territorios de ultramar del Reino Unido, que implica una presencia de facto de la alianza atlántica en esta región.

Habrá un párrafo especial para las áreas marinas protegidas, que tanto debate generan en todo el mundo por su significación geopolítica, precisamente.

4. El regreso de la geopolítica. La geopolítica, simbiosis entre geografía y ciencias políticas, toma en cuenta factores naturales –territorio, espacios marítimos, espacio aéreo, factores humanos (población, cultura, dirigencias)- y políticos.

Existen tantas definiciones de geopolítica como autores, cuya formación académica varia según su origen. La geopolítica regresó para quedarse y, de acuerdo a los analistas citados, se infiere que es privativa de los Estados, aunque no se puede descartar que futuros “polos” de Estados construyan alguna en común.

También prestaremos atención a los cuatro imperativos geopolíticos propuestos por el académico español Javier Jordán: 1- alcanzar y mantener un nivel adecuado de poder relativo, 2- mantener la unidad territorial, 3- proteger las fronteras y 4- asegurar las conexiones externas .  

Y si toda política es geopolítica en tanto “perspectiva global de la historia en la dinámica de los espacios” (Methol, íd.), el conflicto de 1982 revalorizó la situación en el Atlántico Sur desde un nuevo diseño estratégico de seguridad mundial, por sus recursos naturales y proyección antártica.

5. El Atlántico Sur en claves geopolíticas. En lo que va del año -y en el marco de una pandemia que no cede- ocurrieron sucesos con connotaciones geopolíticas: la declaración conjunta sino-rusa a inicios de febrero, la invasión rusa a Ucrania el 24 de febrero (suceso de la política internacional a corto y mediano plazos) y la cumbre de la OTAN en Madrid a fines de junio.

La vertiginosidad de sucesos se entiende por la confrontación estratégica entre la Alianza Atlántica que apuesta a una nueva bipolaridad, mientras las potencias emergentes prefieren el orden multipolar expuesto en el capítulo 3.  

La guerra en Ucrania está produciendo consecuencias geoeconómicas de pronóstico incierto. Al cerrar este Prerrelato, la OCDE calculaba un aumento del 9,8% de la inflación mundial con economía en recesión, los precios de cereales caían en la Bolsa de Chicago sumado a la preocupación por el bloqueo de puertos ucranianos exportadores de granos. Estos datos se suman al preocupante desabastecimiento de hidrocarburos, particularmente gas, indispensable para el funcionamiento de Europa.

Así, y en tal contexto, señalamos las siguientes claves geopolíticas de una lista no taxativa:

- Relacionamiento entre los países de ambas costas oceánicas.

- Situación de los países del África occidental.

- Integración regional en el marco del Tratado de la Cuenca del Plata y del Mercosur.

- Presencia y proyección de la OTAN en el Atlántico Sur.

- Seguridad estratégica e hipótesis de conflictos.

- Posición y proyección de Brasil.

- La “cuestión” de las Islas Malvinas y su proyección antártica.

6. Conclusiones. En ellas se considerará la situación político-económica mundial de estos días, la posible construcción del polo suramericano, el proyecto geopolítico nacional y construcción del poder necesario para sustentarlo, entre otras consideraciones.

Por último, se señalarán temas de derecho internacional relacionados a cuestiones geopolíticas, que será necesario profundizar como herramientas para un trabajo diplomático profesional indispensable.  

Salta, 7 de julio de 2022




33º Congreso Argentino de Derecho Internacional

-Neuquén, septiembre 2022-

 

Sección de Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público

 

La Geopolítica y el Atlántico Sur

Por Gustavo E. Barbarán

 

Resumen

Este relato procura incentivar la reflexión geopolítica en el ámbito de la Asociación Argentina de Derecho Internacional; por tanto, sus planteos y propuestas se presentan como hipótesis de trabajo. Después del conflicto de 1982, se revalorizó la posición geopolítica del Atlántico Sur, región donde también repercute la confrontación “atlantista” con la “euroasiática”, que explicitó la guerra en Ucrania. La geopolítica regresó para quedarse, siendo privativa de los Estados aunque sin descartar la construcción de polos regionales. A mediados del siglo XX hubo sucesos con consecuencias geopolíticas a mediano y largo plazos, indicativos del paso a un orden  multipolar en el siglo XXI. Los países americanos y africanos del Atlántico Sur, de variada situación política-económica-social, no están ajenos a dicho proceso.  Existen claves geopolíticas transversales a esos estados costeros, que conviene constatar, útiles para que la Argentina concrete un proyecto estratégico de largo plazo

Palabras claves

Reflexión geopolítica – Orden euroatlántico – Orden multipolar – Atlántico Sur – Países costeros de América y África – Geopolítica y geoeconomía - Claves geopolíticas – Polo suramericano   

Abstract

This report seeks to encourage a geopolitical reflection in the sphere of the Argentine Association of International Law; therefore, its outlinings and proposals are presented as working hypotheses. After the 1982 conflict, the geopolitical position of the South Atlantic was reassessed, a region where the “Atlantic” with the “Eurasian” confrontation also had repercussions, which made explicit the war in Ukraine. Geopolitics is back to stay, being exclusive to the States although without ruling out the construction of regional poles. In the middle of the 20th century there were events with medium and long-term geopolitical consequences, indicative of the transition to a multipolar order in the 21st century. The American and African countries of the South Atlantic, with a varied political-economic-social situation, are not exempt from this process. There are transverse geopolitical keys to these coastal states, which should be noted, useful for Argentina to materialize a long-term strategic project.

Key words

Geopolitical reflection – Euro-Atlantic order – Multipolar order – South Atlantic – Coastal countries of America and Africa – Geopolitics and geoeconomics - Geopolitical keys – South American Pole

 

            Índice

            1.- Introducción ………………….……………………………………...….. pág.   2         

            2.- ¿Por dónde va el mundo? ….……………………………………...….. pág.    5

            3.- El regreso de la geopolítica ………………………… ..…………….… pág. 12

            4.- Descripción del Atlántico Sur y su vecindario ...………….……..…. pág.  19

            5.- El Atlántico Sur en claves geopolíticas ………………………….….. pág.  26

            6.- Conclusiones ……………………………………………………………. pág.  39

            Bibliografía …………………………………………………………………. pág.  45

 

Capítulo 1. Introducción

1.1. No es mera semántica hablar de geopolítica del Atlántico Sur o en el Atlántico Sur; tampoco de un uso retórico impreciso aunque habitual en medios de comunicación. Pero tratándose de una construcción -nacional o eventualmente regional- importa la diferencia.

Es habitual referir a “Geopolítica del Atlántico Sur”, como si ya hubiese alguna instalada en estas latitudes porque así se dio, una prolongación implícita de la OTAN por debajo de la línea ecuatorial. Pero lo que ese enunciado expresa, en el fondo, es la vigencia de un juego estratégico en el que solo grandes potencias pueden participar.

Los países suramericanos y africanos con costas en ambas márgenes del Atlántico Sur, nos limitamos a observar sus despliegues sin mayores posibilidades de oponer estrategias legítimas de seguridad nacional o regional. Para que eso ocurra haría falta compatibilizar las geopolíticas nacionales en función de una visión, algo que hasta ahora parece muy lejano (la última Cumbre del Mercosur -de fines de julio- parece comprobarlo).

1.2. En la Argentina existen ámbitos de estudios y análisis que produjeron y producen buena literatura sobre geopolítica, desde que empezara su abordaje sistemático entre las décadas de los ‘60 y ‘70 del siglo anterior. En la actualidad están propuestas en actividades académicas específicas, recopiladas en variadas publicaciones.

Lamentablemente, nunca tuvimos la oportunidad de debatir -con amplitud y sin anteojeras ideológicas- un proyecto geopolítico que defina y contenga nuestros intereses nacionales permanentes, sostenidos en el tiempo como políticas de estado. La causa Malvinas, en función de acciones eficaces para recuperarlas, es una de las principales, tanto como nuestra presencia permanente y pacífica en la Antártida; o el uso pacífico de la tecnología nuclear y satelital. Súmese una agroindustria impulsada por la innovación tecnológica, que nos permite proporcionar alimentos a cientos de millones de personas. No son las únicas, también hay otras de igual calibre que engarcen en un plan estratégico de largo plazo y abarque integralmente a la Argentina.

En cambio, Brasil es el país que logró elaborar una visión geopolítica basada en los aportes teóricos de “clásicos” como Mario Travassos, Golbery de Couto e Silva, Therezinha de Castro, Carlos Meira Mattos, cuyos lineamientos mantienen nuevos y reconocidos autores brasileños.

Uruguay soporta con paciencia los vaivenes políticos de sus dos vecinos mayores, procurando ser el puente entre Argentina y Brasil antes que seguir en papel de aquel tapón instalado por la diplomacia británica del siglo XIX. Alberto Methol Ferré, visionario de una geopolítica continental, lo expuso con claridad en sus trabajos. 

Las mediterráneas Bolivia y Paraguay se conectan con el océano a través de la hidrovía Paraná-Paraguay, sustancial para sus intereses nacionales, y, en tanto miembros del Tratado de la Cuenca del Plata, son jugadores geopolíticos en el Atlántico Sur y debemos darles la mayor cabida.

Y, por fin, están los vecinos africanos de la “orilla del frente”, inmersos en complicados procesos políticos, económicos y sociales rémoras del colonialismo imperial, con los que urge una cooperación integral.

1.3. Todavía, y por mucho tiempo, los intereses de las grandes potencias están concentrados en el hemisferio norte; cuentan con recursos tan amplios como para proyectarse planetariamente, y su principal preocupación centrada en la cuenca del Indo-pacífico.

Ello explica las bases militares instaladas en islas estratégicas del Atlántico Sur, territorios británicos de ultramar o dependencias de su corona, mantenidas por el Reino Unido con Estados Unidos como principal accionista. A 12.000 kilómetros de distancia, la Isla de Diego García (un atolón del archipiélago de Chagos, en el Índico) integra un triángulo con Ascensión y Malvinas, área fuori mura de la OTAN, indispensable para el control interoceánico por las dos mayores potencias marítimas occidentales. Esa presencia se consolidó después de la Guerra del Atlántico Sur.

1.4. En pura especulación teórica, habría una “geopolítica del Atlántico Sur, en tanto resultado de una construcción suramericana equilibrante de los intereses nacionales involucrados. Ocurrirá si alguna vez Iberoamérica logra constituirse en “polo”, una fase superior de la integración regional.

La crisis de Ucrania está acelerando tiempos mientras potencia la reflexión geopolítica, prácticamente abandonada por las dirigencias políticas de nuestro país desde la recuperación democrática.

Entonces, el ámbito académico es muy propicio para encarar esta categoría de análisis y resulta auspicioso practicarlo en la AADI, cuya membresía ha demostrado clara percepción de los intereses permanentes de la Nación Argentina, expuestos con la objetividad y precisión propios del nivel con que trabaja.

El citado Methol expresó:

                        “[…] No siempre la realidad permite llevar al pensamiento político a sus        exigencias de claridad últimas. Puede ser demasiado costoso […] Es asunto de           ponderación. Pero si esto es lícito para los políticos, no lo es para el intelectual, que debe              tener un pacto irrenunciable con el esclarecimiento lo más explícito posible de la realidad”             (2015:121).

La consigna del presente relato, y las ponencias que de él habrán derivado, involucra con buen criterio a las Secciones de Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público, atento a las implicancias políticas y jurídicas que conllevan en un desafío intelectual nos involucra a todos.

Concluye esta Introducción anticipando los tópicos que abordaremos a continuación. En primer lugar, una descripción del escenario-mundo actual, indispensable para avizorar la deriva de la política internacional en este crítico tiempo. Le seguirá una aproximación conceptual a la geopolítica y, a continuación, una “radiografía” de la región del Atlántico Sur y su vecindario.

Luego abordaremos lo que consideramos “claves” geopolíticas sur-atlánticas, para concluir con nuestras conjeturas y conclusiones sobre aspectos atinentes a la existencia o ausencia de geopolíticas en la vasta región involucrada.

Una aclaración final: las apreciaciones del autor de este relato se presentan con carácter de hipótesis de trabajo, pues descarta que habrá puntos de vistas similares o distintos, y quizás más sólidos que los acá expuestos.

 

Capítulo 2. ¿Por dónde va el mundo?

2.1. El presente relato plantea varias hipótesis de trabajo, y empieza con esta pregunta: ¿vivimos en un mundo multipolar o también es una hipótesis? Lo que sigue a continuación es una percepción personal de su autor, que tratará de responder esa pregunta analizando la geopolítica en esta época marcada por la pandemia del Covid19 y la invasión a Ucrania.

Los cambios históricos son consecuencia de procesos a veces poco perceptibles hasta para sus protagonistas. Podríamos concluir en que, en cierto modo, el mundo vive en transición permanente y los cambios -en general- no son necesariamente virtuosos.

Durante el “corto” siglo XX, hubieron sucesos con sustancia suficiente para generar secuelas geopolíticas a mediano y largo plazos, indicadores -a nuestro criterio- del final del orden eurocéntrico/atlántico: 1- los acuerdos suscriptos a partir de la Conferencia de Paz de Versalles (junio 1919)[1], la salida de Rusia del modelo capitalista y la crisis financiera de 1929; 2- la creación de las Naciones Unidas, el proceso de descolonización y la utilización uso de armas nucleares en Japón; 3- los cambios en China a partir del ascenso al poder de Deng Xiao Ping en 1978; 4- la reunificación alemana, la disolución de la Unión Soviética y de la Federación Yugoslava. El impacto geoeconómico de la crisis financiera de 2008, cuyos efectos perduran, y la guerra en Ucrania con final imprevisible[2] no tienen la envergadura de los cuatro mencionados, aunque su novedad sería la primera oportunidad de analizarlos con lógica de multipolaridad.

2.2. A fines del siglo XIX parecía agotado el esquema del Concierto Europeo, cuyos mecanismos para acomodar cargas y resolver problemas apenas disimulaba sus limitaciones ante los cambios de circunstancias (ascenso de EE.UU y Japón como potencias mundiales, por caso), a más de carecer de una autoridad capaz de zanjar en los conflictos. Esto explicaría el posterior fracaso de la Sociedad de las Naciones, incapaz de evitar otra guerra que se presagiaba más extensa e intensa.

Concluida la Segunda Guerra, las potencias vencedoras impulsaron un diseño político y económico para la reconstrucción de Europa y Japón, por un lado; y por otro, para afrontar la sobreviniente confrontación bipolar estratégica anticipada en Yalta, febrero de 1945.

Hasta ese momento mantenían vigencia los principios del orden de Westfalia, ampliados con las reglas derivadas de los Acuerdos de Bretton Woods y la Carta de las Naciones Unidas. La visión atlantista de los problemas mundiales quedó remarcada con los “Ocho Puntos” de la Carta del Atlántico de agosto 1941[3]. En la trama política mundial de este tiempo se disputa su clausura definitiva o su continuidad. 

Tales reglas de juego no alcanzan para resolver graves problemas transversales que afectan a la humanidad entera[4]. Esos asuntos están, desde inicios de los ‘70, en el calendario piramidal en cuyo ápice está el del G7 (1975), más abajo el G20 (1999) y los organismos multilaterales controlados por esos países (FMI, BM, OMC y OCDE, entre otros), generando recurrentes resistencias y rechazos por los países subdesarrollados y emergentes.

Superada la crisis de los cohetes de 1962, el mundo entró en una etapa de coexistencia y competencia pacíficas entre los Estados Unidos y la URSS, a la vez que el PBI mundial crecía a niveles impensados[5], fueron los treinta años dorados del capitalismo. Mientras, la Guerra Fría se manifestaba en conflictos de baja intensidad, focalizados en África, Medio Oriente, Vietnam, Afganistán y Centroamérica.

Ocurrida la unificación de Alemania, la implosión de la Unión Soviética, la disolución de la Federación Yugoslava y la Guerra del Golfo Pérsico en escasos tres años, las superpotencias no pudieron o quisieron compaginar una globalización imparable con nuevos mecanismos de balance de poder que clausurara para siempre la amenaza extrema del uso de armas nucleares y de destrucción masiva. La disuasión también necesitaba límites.

La Guerra Fría dividió al mundo -en sentido técnico- en zonas de seguridad, de equilibrio, de influencia y periféricas. La mayoría de los conflictos se daban en las zonas periféricas pues las otras estaban bajo el paraguas de reglas implícitas: 1- no invasión directa de un aliado confirmado, 2- presencia militar de una gran potencia aceptada en países que no integran una alianza, 3- apoyo contrarrevolucionario aceptado en ambos lados, 4- los conflictos no debían rebasar ciertos niveles de escalada y concluían con negociaciones, 5- luego de la crisis cubana, no amenazar de manera directa con armas nucleares a la otra superpotencia, y 6- los armamentos y su sofisticación no debían rebasar límites que rompan el equilibrio de fuerzas (A. González, 2007).

2.3. La irrupción y difusión del regionalismo -dato geoeconómico de la Guerra Fría- había empezado a experimentarse en la Europa de los años ‘50, mediante agrupamientos estatales para desactivar recelos y concordar voluntades atendiendo necesidades económico-sociales concretas de países involucrados devastados por la guerra. Las experiencias de integración económica representaban una nueva etapa del capitalismo, en tanto organizaba la escala económica en función de la eficiencia relativa y eficacia selectiva de las economías nacionales[6], propiciando una nueva división internacional del trabajo.

No obstante, y a mediano plazo, la tendencia a la globalización orientó los capitales hacia la especulación financiera, lo cual profundizó la grieta entre países ricos y países pobres, descripta y denunciada por Paulo VI en la Encíclica Populorum Progressio de marzo 1967[7]

2.4. La rehabilitación de Deng Xiaoping se proyectó al futuro con la implementación de la estrategia “Un país, dos sistemas” y la política de las “Cuatro Modernizaciones y Puertas Abiertas”, pero siempre en la vía socialista del marxismo-leninismo y el liderazgo del PCCh.

Un par de décadas después, China jugaba un papel protagónico y de soft power  en los asuntos económicos mundiales. La emergencia del gigante asiático produjo un cambio en la estructura económica mundial, con repercusión en la reconfiguración del orden internacional.

Finalmente, despertó y su irrupción produjo la rotación del eje político-económico del Atlántico Norte hacia la vasta cuenca del Indo-Pacífico. No hubo solo emergencia china, pues ya terciaban Japón e India y los Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur). Por otra parte, esos países emergentes empezaron a proyectar su expansión agrupándose en la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental[8].

Señal de la importancia geoeconómica de la región, fue la creación en 2001 de la Organización de Cooperación de Shanghai[9] y, recientemente, de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), en vigor desde el 1 de enero 2022[10]. Todas ellas confirman ese giro geopolítico irreversible.

Dichos procesos, obviamente, tampoco descuidaron la seguridad estratégica regional, imprescindible en cualquier esquema de poder pre o post Guerra Fría. En 1992, por ejemplo, el Pacto de Varsovia mutó en Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (mayo de 1992)[11]. Treinta años después -en septiembre de 2021- Estados Unidos impulsó, en función del actual contexto, un acuerdo de seguridad estratégica con Australia y el Reino Unido -AUKUS[12]- para “defender los intereses compartidos en el Indopacífico”, con China en la mira, desde luego.

2.5. Intelectuales de variados orígenes, circunstancias, formación académica y fidelidades, dedicaron tiempo a pensar en dimensión regional o global con distintas motivaciones[13].

- Carl Schmitt vaticinó, con perspectiva mitteleuropa, las tensiones que sobrevendrían cuatro décadas después de la guerra del ‘14: “un evidente dilema entre universo y pluriverso, entre monopolio y polipolio”. Se preguntaba si el mundo estaría preparado para el monopolio global de una sola potencia o sería más factible “un pluralismo de grandes espacios coexistentes y ordenados entre sí, de esferas de intervención y de círculos culturales”, lo cual además debiera propiciar un nuevo Derecho de Gentes (cap. IV, 2005:251).

- Concluido el ciclo de la Unión Soviética, Aleksandr Duguin (para quien “Rusia es el Corazón de la Tierra”) presentó al multipolarismo como la fórmula para terminar con la centralidad de Occidente en varios planos, incluso el cultural fuertemente resistido por pueblos identificados raigalmente con sus  idiosincracias, religiones y espiritualidades. Un polo en sentido geoestratégico -señala- “[...] supone que el mapa del mundo futuro debe estar estructurado de modo que haya varios centros de poder que no posean el dominio absoluto, en relación de unos a otros, y permita que diferentes sociedades puedan unirse a un bloque por libre elección” (2016:65). Diferencia al multipolarismo del sistema westfaliano, en tanto desconoce que un solo Estado nacional pueda constituirse en “polo” de pleno derecho (íd.:191), coincidiendo así con los dilemas de Schmitt. Además considera factible un mundo “cuadripolar” por zonas: la angloamericana (América, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda), la euroafricana (coincidiendo con Haushoffer), la zona pan-euroasiática (Rusia y Asia Central) y la del sudeste asiático (íd.:79). No descarta una zona geopolítica hispanoamericana, si sus países resistieran las imposiciones norteamericanas[14].

- Daron Acemoglu (2020) entiende, por su parte, que “un orden internacional bipolar no es inevitable ni deseable, y deberíamos empezar a imaginar y trabajar hacia arreglos alternativos”. Expone otra variante cuadripolar como alternativa a la presunta bipolaridad sino-norteamericana negativa para el mundo, a saber: 1- Estados Unidos, 2- China, 3- la Unión Europea y 4- un grupo integrado por países emergentes[15]; un mundo así configurado haría menos probable una nueva guerra fría y podría traer “voces más diversas a la gobernanza global”.

- Alberto Methol Ferré centró su atención en los “estados continentales”, nuevo y último paradigma del Estado Nación, cuyo nivel económico haya superado el “umbral” del Estado-nación industrial, sin perjuicio del tamaño y población. Sería el caso de Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, China, Rusia o India. Methol entiende que en América Latina urge una “recapitulación histórica” para construir una visión geopolítica afirmada en la unidad continental y cultural iberoamericana, con el Mercosur de plataforma inicial (Methol, 2015). Esta idea parece lejos de concretarse y cabe buscar sus causas y proponer soluciones.

- Adolfo Koutoudjian (2021, cap. I) constata que el siglo XXI inició con áreas de privilegio y grandes regiones marginales y que “[…] la lucha por el poder tiene una finalidad esencial: asegurar directa o indirectamente la apropiación y el manejo de los recursos críticos para el desarrollo económico y social y la supremacía militar”. En tal marco prevalece el liderazgo norteamericano pero en competencia con “polos geopolíticos intermedios de alcances continentales como China y Rusia”. 

2.6. Tres exponentes de la intelectualidad norteamericana han incidido en estos análisis geopolíticos.

- Zbignew Brezezinski (1992) propuso que Estados Unidos debía ejercer su unipolaridad, desaparecida la URSS[16]. Sin embargo, en 2016 revió esa posición, asumiendo que no podría ser potencia unipolar pero, y siendo aun la principal economía mundial -poniendo foco en el “tablero Euroasiático”- consideró necesario un entendimiento con China y Rusia para mantener un orden amenazado por los conflictos de Medio Oriente[17].

- Samuel Huntington se inscribe entre quienes consideran ya dado el mundo multipolar. Durante más de cuatro siglos, escribió, los Estados occidentales construyeron un sistema internacional multipolar pero dentro de la civilización occidental, compitiendo y guerreando entre sí (1997:21). Logrado el estatus de economías industrializadas, expandieron su influencia al resto del mundo por vía de conquista o colonización, dispersando por todo el orbe las reglas de Westfalia con la cosmovisión greco-latina y judeo-cristiana. Concluida la Guerra Fría, Huntington advirtió que las diferencias entre los pueblos del mundo no eran ideológicas o políticas cuanto culturales, de donde el mundo es en realidad multicivilizacional y, por consiguiente, los conflictos sobrevinientes serían de otra categoría. Siendo el imperialismo consecuencia necesaria del universalismo, entiende que “el universalismo occidental es peligroso porque se basa en un espejismo, el de la centralidad de Occidente en la historia universal [...] peligroso para el mundo porque podría conducir a una gran guerra entre estados centrales de diferentes civilizaciones”, e incluso ser derrotado (íd:372).

- Con óptica postmarxista, Immanuel Wallerstein desarrolló su concepto del “sistema-mundo” para cuestionar  el orden globalista impulsado por Occidente. Vivimos “la crisis del sistema-mundo moderno, que es a la vez de la economía-mundo capitalista y el del sistema internacional entendido como un sistema ordenado por una o dos potencias hegemónicas”. El sistema-mundo es un sistema social e histórico unido por la tensión entre fuerzas conflictivas y contradictorias, fuerzas que hoy “están llevando al fin de un sistema mundial”[18]. Observando las consecuencias de económicas de la pandemia y de la guerra en Ucrania, aumentan los análisis wallerstianos por estos días.

- Finalmente, Henry Kissinger observó que el sistema westfaliano usó métodos para adjudicar y preservar poder, pero no pudo resolver el problema referido a cómo generar legitimidad: “Todo orden internacional -arguye- debe afrontar, tarde o temprano, el impacto de dos tendencias que desafían su cohesión: la redefinición de su legitimidad o un cambio significativo en el equilibrio de poder” (2016:365). La invasión del 24 de febrero mostró esa fractura expuesta[19], de allí que fijara una posición pragmática y realista al considerar a cuestión clave” entender la “distinción cardinal entre los enfoques occidentales y no occidentales” del nuevo orden mundial. Acordar enfoques, pareciera ser su clave de bóveda.

2.7. En términos de real politik, la comunidad internacional necesita reglas eficaces para balancear poderes. El  acrecentamiento y mantenimiento del poder explica las relaciones internacionales y reafirma la importancia de la economía como un factor central para la dinámica del poder.

En cambio, los “idealistas” siguen insistiendo en que las políticas de poder deben reemplazarse con instituciones internacionales donde primen el derecho internacional y su mecanismo procedimental, el multilateralismo.

1

 

Pero, ¿cuáles reglas? porque aún no sabemos quiénes las redactarán y nada asegura que sean las necesarias, equilibradas, responsables y objetivas que necesita la comunidad internacional. El multipolarismo, por su naturaleza “multi”, podría contribuir a elaborar esas normas de conducta adecuadas a los tiempos. Mark Leonard fue claro al respecto: “Occidente ha dominado durante mucho tiempo el sistema global. De hecho, presentó sus empresas, instituciones y normas como universales, casi como bienes públicos globales”. Por ello las disputas se centrarán en quiénes, cuándo y cómo establecerán nuevas reglas de juego[20].

Y ese trance transitamos, recordando a Raymond Aron en aquello de que puede haber dos potencias globales pero no implica que el sistema sea bipolar.

 

Capítulo 3. El regreso de la Geopolítica

3.1. Si el mundo ya fuera multipolar, lo habrá decidido la geografía más que las doctrinas de los Estados, las cuales terminan adecuándose a los hechos. La historia, se dijo, es un cementerio de estrategias.

Así como en los años ‘90 las propuestas del Consenso de Washington simbolizaban la globalización económica y su sucedáneo el globalismo financiero, la guerra en Ucrania comprobó que la geopolítica llegó para quedarse, aunque desalentamos el abuso del concepto -como ocurrió en su momento con “globalización”- para explicar y justificar cuanto acontezca en política internacional.

Su cancelación a nivel mundial, hacia los años ‘50 del siglo pasado, fue una reacción contra la experiencia nazi basada en la doctrina del espacio vital en versión de Karl Haushoffer. Después de la devastadora contienda, los “realistas” -H. Kissinger, por caso- asumieron la geopolítica como “praxis del poder”.

Con todo, durante los cinco decenios de la Guerra Fría, la geopolítica nunca fue desatendida por estados mayores, agencias de defensa e inteligencia, nutridos con estudios académicos que proporcionaban los marcos teóricos.

La geopolítica representa una simbiosis entre geografía y ciencias políticas; toma en cuenta factores naturales –territorio, espacios (marítimo y aéreo), factores humanos, población, cultura, dirigencias- y políticos, asumiendo la política como actividad orientada siempre al bien común de los pueblos, conducir sus asuntos y emplear los recursos de poder disponibles, tangibles e intangibles, en función de objetivos estratégicos preestablecidos para mediano y  largo plazos.

Aunque sigue ausente en los debates políticos argentinos, no se descuidó en los ámbitos académicos donde se trabaja en planificación estratégica, sostenida principalmente por geógrafos, estadígrafos, demógrafos, politólogos y militares. En Argentina tenemos suficiente literatura sobre geopolítica, para analizar y debatir pensando en nuestro futuro como Nación. 

3.2. Existen tantas definiciones de geopolítica como autores dedicados a su análisis; varían según el origen y formación académica de cada cual. En este capítulo ofreceremos algunas opiniones útiles para encarar una fórmula conforme a nuestras variables nacionales.

El ser humano es un animal terrestre y político, razonaba A. Methol Ferré (2012), condición por la cual hace geopolítica “naturalmente” aunque no lo advierta. Como no hay Estado sin territorialidad, el espacio humano “está siempre cualificado políticamente”: hasta las luchas y conflictos implican desplazamientos espaciales. Para el pensador uruguayo, más allá de cada poderío nacional, toda política es geopolítica en tanto “perspectiva global de la historia en la dinámica de los espacios” (2015:110).

A. Koutoudjian, por su parte, señaló que “[…] lejos del fárrago político cotidiano, los hechos o factores geopolíticos están presentes, consciente o inconscientemente en el accionar no solo del Estado, sino también de la sociedad” (2021:461). Se trata de detectarlos, compaginarlos y construir con ellos una visión geopolítica que por esencia es de largo plazo. Y ganar el tiempo perdido...

J. Atencio (1979) asumió la definición de Kjellén: la geopolítica es la “influencia de los factores geográficos, en la más amplia acepción de la palabra, sobre el desarrollo político en la vida de los pueblos y los Estados”.

Más reciente, Pujol Dávila (1991:83) analizó tres categorías de espacios: el geográfico, que se vincula a factores naturales; político, en función de cada organización humana; económico, referido a los recursos disponibles por cada sociedad nacional. Cada una de esas categorías, a su vez, comprende un espacio de localización en donde se asienta el grupo humano de que se trate, de relación o sea en donde éste interactúa, cuantitativo en referencia a su extensión y cualitativo respecto de la calidad de los recursos con que se cuenta en cada caso.

De allí la necesidad de trabajar conceptos básicos tales como ecúmene, hábitat, área estratégica, región cardial (heartland), área de influencia (hinterland), área de soldadura o bisagra, núcleo geohistórico, hegemón, etc. 

Mirando más hacia la política mundial, José Pardo de Santayana (2017) la entiende como un “elemento vertebrador de las relaciones internacionales”, imprescindible desde que el breve orden hegemónico/unipolar del fin de la historia, paradójicamente, precipitó un multipolarismo, debido al recurrente intento de imponer el modelo liberal democrático, que en muchas sociedades produjo el efecto contrario: un mundo inestable “y más hostil a los valores occidentales”. Por tanto, el futuro mundial se abordaría mejor si se tuvieran en cuenta las sensibilidades y condicionantes de la geopolítica, esto es cultura, historia y geografía (2017).

3.3. Coincidiendo lato sensu con esa visión, Javier Jordán (2018) planteó cuatro imperativos geopolíticos para la consideración de cualquier Estado con vocación protagónica: 1- alcanzar y mantener un nivel adecuado de poder relativo, 2- mantener la unidad territorial, 3- proteger las fronteras y 4- asegurar las conexiones externas, un modelo de análisis necesario para interpretar estos tiempos.

Jordán consideró, además, los componentes de cada imperativo geopolítico; y acá  referiremos a los dos primeros. El poder relativo entendido como la cuota de poder de un Estado respecto de otros, y del cual deriva la distinción realismo defensivo (centrado en la estrategia nacional) y realismo ofensivo (que apunta a la geoestrategia). Dado que la estructura de relación de las grandes potencias es de competencia permanente, los Estados procuran evitar intromisiones en sus áreas de influencia, participando en eventuales coaliciones de contrapeso. Para consolidar el primer imperativo geopolítico es básico incrementar y mantener el poder relativo, que se efectiviza de tres maneras: convirtiendo el poder potencial en poder actual, habilitando políticas de alianzas y procurando reducir la cuota de poder de las potencias rivales.

En cuanto al imperativo de mantener la unidad territorial, Jordán advierte sobre los riesgos de la fragmentación territorial, que puede provenir de movimientos disgregadores, secesionistas o insurgentes, muchas veces causa y consecuencia de conflictos armados internos, fenómeno que se está dando en numerosos países desarrollados y en vías de desarrollo. Todo Estado nacional ha de tener claro el nivel de proyección y articulación de su ciudad capital o centro político con respecto al resto del país (el AMBA en nuestro país...). Eso implica considerar a su vez el nivel de proyección y equilibrio entre sus ecúmenes, áreas densamente pobladas con intensa actividad económica; además, de identificar los núcleos geohistóricos, o sea lugares donde se originó un país y le han dado al Estado nacional sus principales rasgos identitarios. Es indispensable identificar en todos sus detalles el territorio nacional efectivo, las áreas con densidad poblacional suficiente para favorecer la expansión económica y geográfica, y las áreas vacías, especialmente especialmente las que cuenten con recursos naturales valiosos o posean proyección geoestratégica.

Lo expuesto confirma que los Estados son los constructores de sus geopolíticas, sin perjuicio de que bloques o polos de Estados erijan una en común. Eso ocurre siempre y cuando se equilibren las asimetrías políticas, económicas, sociales y militares. 

Siendo la geografía referencia de la geoestrategia, ésta apunta a la incidencia de la geografía en un diseño político dentro de un contexto temporal y espacial más acotado[21]. Esta percepción habilita que los países cuenten con una geopolítica nacional pero geoestrategias regionales o subnacionales[22]; de todos modos, ambas -geopolítica y geoestrategia- apuntan primordialmente al largo plazo (20/25 años) por que eso está en su esencia.

Si bien los Estados no pueden eludir a la globalización, ello no implica que vayan a desaparecer, en lo cual coinciden prácticamente todos los expertos. En la construcción de nuevos relacionamientos sociales entre los seres humanos y su entorno, irrumpe la geografía cultural como especialidad que arraiga en conceptos de Ratzel y Vidal de la Blache, proyectada en los rasgos identitarios nacionales que los países oponen a la expansión de la cultura posmoderna occidental[23].

3.4. El mundo vive un cambio de época y necesita más y mejores reglas para equilibrar poderes (Barbarán, nº 205:2011), en procura de la ansiada ordinata concordia[24].

En esta etapa histórica transicional marcada por la pandemia y la crisis en Ucrania, y sus perjudiciales derivaciones económicas, aún inciden geopolíticos de una “segunda ola” (para diferenciarlos de los fundadores[25]): el almirante norteamericano Alfred T. Mahan (1840-1914), el geógrafo francés Paul Vidal de la Blache (1845-1918), el geógrafo inglés Halford J. Mackinder (1861-1947), el geógrafo alemán Karl E. Haushofer (1869-1946) y el polítologo holandés Nicholas J. Spykman (1893-1943), por citar los principales.

La adopción del pensamiento de estos autores en distintas circunstancias, ha provocado que, a partir del proceso de descolonización acelerado con la Carta de las Naciones Unidas, la geografía comience su venganza -según plantea R. Kaplan (2014)- desbaratando los límites trazados por el colonialismo imperial (y aún antes) en regiones todavía conflictivas. 

A medida que los desarrollos teóricos se alejaban del geo-determinismo, se evidenciaba que los órdenes geográficos fueron “creados por actores clave y trasladados a otros escenarios, por lo que la organización del espacio nunca ha sido una práctica neutral ni objetiva” (L. Gónzalez Tule, 2017), rigurosamente cierto desde que Europa concentró poder suficiente para controlar los asuntos mundiales desde mediados del siglo XVII[26].  

Dado que las teorías contemporáneas son en buena parte variaciones sobre los mismos temas, vaya una sinóptica referencia a las principales doctrinas de autores que, en su tiempo,  justificaron las políticas imperiales de los países en que servían:

- Mahan publicó “La influencia del poder naval en la historia, 1660-1783”, en 1890, justo cuando los EE.UU iniciaban su camino de potencia militar en una época de renovación tecnológica en la industria naval (en especial, fabricación de acorazados). Su ensayo sobre la evolución del poder marítimo apunta a los intereses que debe resguardar un país en tiempos de paz o de conflicto. El poder marítimo, señalaba, se integra con dos elementos complementarios: los intereses marítimos y el poder naval. A su vez, los intereses marítimos deben apoyarse en una eficiente marina mercante que distribuya los productos del país por todos los mercados del mundo; una marina de guerra capaz de defender el comercio marítimo donde sea necesario, y bases marítimas distribuidas en puntos estratégicos donde buques públicos y privados se reabastezcan, reparen o adquieran materias primas para las industrias nacionales.

- En Francia, Jacques Elisée Reclus introdujo el concepto de geografía social, basado en importantes estudios sobre geografía humana y geografía económica. Pero más conocido es P. Vidal de la Blache, quien trabajó el concepto de género (o tipo) de vida para explicar la forma en que los grupos sociales se relacionaron con su entorno geográfico a través de la historia, lo cual le llevó a centrarse en la región “como unidad característica de los teóricos franceses” (Preciado Coronado, 2011:163-191)[27].

- H. Mackinder escribió en 1904 su discurso “El pivote geográfico de la historia”, cuando Gran Bretaña, siendo todavía primera potencia naval, ya no controlaba los mares como un siglo atrás. Su teoría del heartland -o del “corazón continental”- adquirió ribetes de profecía autocumplida en el siglo XX, pese a que ningún país logró controlar la región cardial, desde la cual controlar la isla continental y -en consecuencia- dominar el mundo. Esa región es el Asia Central más que los Balcanes, según consideraban algunos. Fuera del área pivot existe un “cinturón interior” en el que Mackinder ubicaba a Alemania, Austria, Turquía, China e India, y un “cinturón exterior” con Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Sudáfrica, Australia y Japón.

- Haushoffer (para quien "Geopolítica es la ciencia de la vinculación geográfica de los acontecimientos políticos") elaboró, con intelectuales y dirigentes del nacional-socialismo, la doctrina del espacio vital (Lebensraum), basada en estudios de Ratzel. Este concepto, que desprestigió la geopolítica, se refería a los territorios que un país necesita para su subsistencia como nación. Eso hizo Hitler al expandirse desde las llanuras alemanas a las de los pueblos eslavos. No obstante se reconocen sus aportes sobre la concepción de la “fronteras”, en tanto organismo vivo que se expande y contrae como la piel; y sobre el regionalismo mundial vertical que le permitía introducir la perspectiva geopolítica euro-africana.

- N. Spikyman volvió sobre la cuestión de los heartlands que concentran la demografía europea: la de Asia central, del sureste asiático, China, Japón y Oriente Próximo. Introdujo el rimland, concepto referido a las áreas marginales eurasiáticas y sus respectivos litorales, cuyo control habilita el dominio del mundo. Es una vuelta de tuerca a la teoría del corazón continental, entendiendo que la región cardial de Mackinder no es el verdadero pivot geográfico del mundo localizado entre Europa Oriental y Rusia, sino en un área periférica compuesta de líneas de costa -o bordes de cuencas- entre las llanuras de Alemania y Rusia. Ese anillo sería el área que Estados Unidos debe controlar como primera potencia mundial.

En la actualidad, la implosión de la Unión Soviética suele presentarse como el triunfo de las potencias marítimas (la alianza angloamericana) sobre las potencias territoriales (principalmente Rusia y, en segundo plano, China). Ese sería el trasfondo de la crisis de Ucrania: la visión atlantista y marítima de los asuntos mundiales confronta con el mundo multipolar que proponen los Estados territoriales, aunque sea una incógnita qué país se arrogará el liderazgo no asumido por la URSS ni la Rusia postsoviética.

3.5. Una aproximación a las teorías geopolíticas en el siglo XXI, expuestas por el académico mexicano L. González Aguayo (2017), confirma el regreso de la geopolítica en el siglo XXI y cómo debiera plantearse su definición, composición y estructura, para lo cual recurre a C. Meira Mattos y su dinámica de las tres grandes áreas del conocimiento: a) la geografía –el espacio físico–, b) la política –la aplicación del poder al arte de gobernar– y c) la historia –la experiencia humana–”. Con ese marco, define la geopolítica de este tiempo como eje teórico de las relaciones internacionales:

                           el arte, la ciencia, la disciplina, la técnica y, en suma, el método de pensamiento que              permite a cualquier dirigencia, no sólo en cualquier sociedad, sino en cualquier tiempo y              momento, conocer los recursos con que cuenta y de los cuales carece, esto con objeto de              obtener o alcanzar sus grandes propósitos y objetivos estratégicos y, en función de la              coyuntura que se viva en ese momento respecto a sus vecinos, se podrá actuar en             consecuencia.

Esa fórmula amplía las miradas de los nuevos teóricos anglosajones, franceses y españoles, de profusa producción académica, que con el tiempo formaron “escuelas” influyentes como la radical (cuyo referente es el geógrafo francés Ives Lacoste), según la cual “la geopolítica es un método de conocimiento, de pensamiento y, sobre todo, de análisis de los fenómenos que encierran particularmente la problemática conflictiva”, una valiosa metodología para el análisis de los conflictos. Esta postura se diferencia sustancialmente de la escuela “crítica”, que desde principios de los ‘80 representa las nuevas corrientes anglosajonas influenciadas por Henri Lefevre y Michel Foucault (ídem)[28].

Por último, cabe señalar con el autor mencionado que las corrientes académicas y escuelas geopolíticas piensan también en “conjuntos nacionales e incluso regionales, como los conjuntos europeo y sudamericano”, siendo muy valiosos los aportes de especialistas latinoamericanos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

3.6. La economía tiene en nuestro tiempo fuerte incidencia en la geopolítica y, está a la vista, los países no necesitan recurrir a la fuerza para expandir su poder. En el caso de Ucrania hay un trasfondo geoeconómico que explica la crisis económica mundial producida por la invasión a la región del Dombás.

Varios autores suelen distinguir la globalización según la percepción norteamericana (circunscripta al ámbito económico-financiero), de la mundialización según prefieren en Francia, al incorporar aspectos sociales, culturales, políticos e ideológicos. En consecuencia, las fronteras son mucho más permeables a la presión económica producida por los avances tecnológicos controlados por las grandes potencias industriales.

La geografía económica, rama especializada de la geografía clásica, trabaja en un campo donde es posible contribuir a solucionar problemas concretos, confluyendo teorías y modelos geográficos que apuntan al desarrollo sostenible y a mejorar las condiciones de la vida humana. Hoy el mundo, observa que las disputas geopolíticas se vinculan a “los problemas críticos relacionados con el manejo de los recursos naturales, el reordenamiento territorial, de la  carencia y contaminación de fuentes hídricas, del cambio climático, del delito y la pobreza”. El uso de nuevas tecnologías y los cambios culturales aparejados, le llevan a considerar una metamorfosis de la geopolítica en geoeconomía, y a ella deberemos avocarnos (Cadena Montenegro, 2006).

Así como la geopolítica volvió para quedarse, inflación mundial, abastecimientos energético y alimentario, salud pública, recesión económica y desempleo, también estarán en la agenda mundial por largo tiempo.

3.7. Y la geopolítica también regresó al Atlántico Sur; aunque, en realidad y según lo  dicho al principio, siempre estuvo allí aunque sus países ribereños no la expresaran con coherencia o contundencia.

Reiteramos a Methol: toda política es geopolítica en tanto “perspectiva global de la historia en la dinámica de los espacios”. El conflicto con el Reino Unido la potenció e hizo que analistas occidentales revalorizaran el Atlántico Sur desde la nueva estrategia de seguridad global por sus recursos naturales y proyección antártica.

 

Capítulo 4. Descripción del Océano Atlántico Sur y de su vecindario

4.1. A la mente humana le cuesta imaginar la inmensidad de las aguas que rodean los siete continentes. Contra lo que aparenta, las 7/10 partes de los 510.072.000 km² que mide nuestro planeta, están cubiertas por un “océano mundial” que ocupa el 70,8% de los 360.000.000 km² de superficie terráquea.

 

 

Figura 1. Fuente https://didacticossur.cl/productos/planisferio-fisico-politico-2/.

La principal regla oceanográfica refiere al principio de continuidad de los océanos; todos ellos constituyen la hidrosfera, conjunto de partes líquidas que -según las circunstancias- cambian su estado líquido, sólido o gaseoso, un “ciclo hidrológico” que regula el clima y moldea los relieves geográficos, favoreciendo la vida de las especies del planeta. Océanos, mares, ríos, lagos, acuíferos, glaciares, lluvia, nieve y granizo, componen la hidrosfera.

Los científicos resaltan la correspondencia entre océanos y atmósfera, cuya influencia recíproca es objeto de constante observación e investigación, pues el aprovechamiento integral de los recursos del mar está condicionado por la estabilidad de esa relación. El cambio climático incide en el aprovechamiento responsable de los recursos vivos y no vivos existentes en aguas, lecho y subsuelo marinos.

La humanidad no cuenta todavía con tecnología suficiente para descender hasta las hoyas abisales, razón por la que apenas un 5% del lecho marino está explorado. El ser humano no puede bucear más de 40 mts sin arriesgar su integridad física, siendo 3.700 mts la profundidad promedio de los océanos. Nunca llegó a los 11.034 mts del Abismo de Challenger próximo a la Isla Fais en Filipinas, la mayor profundidad del planeta (el Everest mide 8.848 msnm).

4.2. La Organización Hidrográfica Internacional (OHI)[29], institución científico-técnica intergubernamental, propone la delimitación de los espacios marítimos y trabaja para que océanos, mares y aguas navegables sean estudiados y cartografiados; sus recomendaciones son usualmente receptadas por la comunidad internacional. Comparte tareas, en otros planos, con la Organización Marítima Internacional[30], organismo especializado del Sistema de las  Naciones Unidas responsable de la seguridad y protección de la navegación, y de prevenir la contaminación marina por actividades humanas[31].

Dado que los océanos delimitan continentes y poseen características y extensión diferentes, la OHI reconoció tradicionalmente al Pacífico, Atlántico, Índico y Ártico (mencionados en el orden de sus tamaños). Estos océanos se conectan a través de pasos, pasajes y estrechos. También existe una costumbre ancestral de denominar “mar” a ciertos espacios marítimos que conectan ecúmenes y, en buena medida, las definen (Mediterráneo, Báltico, Caribe, Negro, etc.).

La OHI había definido en 1937 un Océano Austral o Antártico en su publicación “Los límites de los océanos y mares”, desafectándolo en 1953 por desacuerdos en la comunidad científica. Aunque ciertos Estados y actores no estatales (la Junta de Nombres Geográficos de Estados Unidos o la National Geographic Society, por caso) impulsan la inclusión de ese quinto océano, la OHI no lo recepta[32].

Finalmente, el 8 de junio de 2021 -Día Mundial de los Océanos, establecido por la Asamblea General de la ONU- se recogió de modo no vinculante el concepto de Océano Austral, dentro del cual se reconocen quince mares por los cuales circula la Corriente Circumpolar Antártica de 21.000 km de largo, su principal característica, que se mueve siempre hacia el Este, transportando 130 millones de m³ de agua.

Esta región es de vital importancia para la Argentina, dada nuestra activa presencia antártica y subantártica, con una clara ventaja a nuestro favor: solo 1.200 km separan Tierra del Fuego de la Península Antártica, mientras que de Nueva Zelanda y Sudáfrica a la Antártida hay 4.800 km y 6.900 km, respectivamente y en números redondos.

4.3. El Océano Atlántico posee una singular característica geológica que plantea grandes desafíos científicos: la “dorsal del Atlántico Medio”, cadena montañosa de más de 16.000 km de longitud desde el sur de Islandia hasta el sur de África, con alturas bajo las aguas que oscilan entre los 1.000 y 3.000 metros. La dorsal separa la placa africana de la sudamericana, las cuales se alejan entre sí alrededor de dos centímetros por año.

La OHI ha definido los límites del Océano Atlántico (fig. 2), casi el 20% de la superficie terrestre, desde el paralelo de 60º Norte entre Groenlandia y la costa del Labrador, pasando por una línea trazada desde Straumnes en el extremo noroeste de Islandia hasta el cabo Nansen en Groenlandia, incluyendo la costa oeste de Noruega. En el extremo sur, el límite es el continente Antártico[33].

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 2. Mapa de la CIA del Océano Atlántico (File: Atlantic Ocean - en.png) con los límites de la OHI.

Según la mencionada 3ª Edición de límites de océanos y mares de la OHI, el Atlántico Sur se extiende desde el linde con el Océano Atlántico Norte determinado por la línea del Ecuador (0º). Hacia el noreste, su límite es el Golfo de Guinea, conforme a una línea trazada desde el Cabo Palmas en Liberia hasta el Cabo López en Gabón. Por el sureste, el meridiano de 20ºE del Cabo de las Agujas en Sudáfrica separa el Atlántico Sur del Índico. Por el oeste la traza se mide desde el límite exterior del Río de la Plata, y al suroeste desde el meridiano del Cabo de Hornos hasta la Antártida, incluyendo la boca oriental al Estrecho de Magallanes.

Vale aclarar que tales delimitaciones no coinciden necesariamente con las variadas percepciones geopolíticas que de sus espacios tienen los países involucrados.

4.4. El Atlántico Sur abarca casi la mitad de todo este Océano. En su costa americana tres países: Brasil, Uruguay y Argentina; en la costa opuesta solo seis de los 54 países africanos, de norte a Sur: Gabón, República del Congo, República Democrática del Congo, Angola, Namibia y República de Sudáfrica. Sumando a todos, representa un mercado de casi 500 millones de habitantes en el 12% de la geografía mundial. América y África -y el océano que los separa- tienen una posición geográfica vertical, que contrasta con la posición horizontal de la “isla mundial” de Mackinder; de allí que la subsistencia de estos países dependa sustancialmente de la comunicación a través del océano austral. 

La figura 3 muestra la extensión y límites del Atlántico en su mitad austral, identificando además las estratégicas islas allí ubicadas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 3. Fuente recuperada de https://www.gifex.com/detail/2009-09-18-7080/Islas_del_Atlantico_ Sur.html.

 

4.5. El siguiente cuadro comparativo ofrece datos básicos de los países ribereños, respecto de su extensión, costas, demografía, producto bruto interno, entre otros indicadores relevantes.

 

 

 

Col.

Gabón

 

Francia

Rep. Congo

Francia

Rep. Dem. Congo

Bélgica

Angola

 

Portugal 

Namibia

 

Sudáfrica

Sudáfrica

 

R. Unido

Brasil

 

Portugal

Uruguay

 

España

Argentina

 

España

Totales

Sup.

Km²

 

 

267.667 (77)

 

342.000 (64)

 

2.344.000 (11)

 

1.267.700 (23)

 

824.292 (34)

 

1.219.090 (25)

 

8.515.770

(5)

 

176.215

(91)

 

2.780.400 (8)

17.737.134

(12 %

aprox.)

 

Hab.

 

 

2.226.000 (146)

 

5.518.000 (116)

 

89.561.000 (13)

 

32.866.268 (45)

 

2.550.226 (140)

 

60.110.000 (25)

 

217.240.060 (5)

 

3.554.915 (133)

 

47.327.407 (31)

 

460.954.236

(6% apr.)

 

Km costa

 

 

885

 

169

 

37

 

1600

 

1572

 

1000 (apr.)

 

7491

 

660

 

4989

 

18.403

Siste-ma inst.

Rep. unit. presidenc.

Rep.

presind.

Rep. unit.

presidenc.

Rep. unit.

presidenc.

Rep. unit.

presidenc.

Rep. desc.

presidenc.

Rep. feder. presidenc.

Rep. unit.

presidenc.

Rep. feder. presidenc.

 

PBI p/c u$

6.881,7

e/b

 

1.846,1

e/b

54

e/s

1.776,2

e/b

4.179,3

e/b

6.559,9

e/b

6.796,8

e/b

15.438,4

estable

8.579,0

e/b

 

Tasa fec.

3,9

4,3

5,7

5,4

3,3

2,4

1,7

2,0

2,2

 

Figura 4 (s/eúo). Elaboración propia sobre base de datos en https://www.Exteriores. gob.es/Docu ments/FichasPais/ y en https://datosmacro.expansion.com/paises/. Los números entre paréntesis indican el orden de referencia a nivel mundial.

La extensión de la costa sudafricana es aproximada, pues en la parte sudafricana se tomó solo hasta el Cabo de las Agujas. Las líneas no son exactas y dependen de la dimensión fractal del territorio de que se trate. Este esquema no incluye a Santo Tomé y Príncipe, microestado cuya costa austral y plataforma está atravesada por el ecuador geográfico, con intereses más vinculados a los países del Golfo de Guinea (Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benin, Nigeria, Camerún y Guinea Ecuatorial).

Salvo Windhoek, capital de Namibia, las demás capitales nacionales son puertos marítimos o fluviales próximos a las embocaduras. Angola, Gabón y Nigeria son miembros de la OPEP; Namibia y Sudáfrica, integran la Commonwealth; Sudáfrica el BRIC y el G 20; Argentina, Brasil, Sudáfrica y Uruguay son partes consultivas del Tratado Antártico. Los seis países africanos son miembros de la ONU, de la Unión Africana, de la Zona de Cooperación América del Sur-África (ASA), OMC, OMI y de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS), avalada por la Resolución 41/11 adoptada en la 94ª sesión plenaria de la Asamblea General de la ONU (octubre de 1986)[34].

En cuanto a los países suramericanos, la figura 5 indica los datos principales:

 

Argentina

Brasil

Uruguay

Sup. km²

 

2.780.400   (solo continental sudamericana)

8.515.770

176.512

Habtes.

47.327.407 (2022)

217.240.060 (est.)

3.554.915 (est.)

Km costa

4989

7491

660

Figura 5. Elaboración propia sobre base de datos de Wikipedia.

Los tres países suramericanos son miembros de la ONU, CONVEMAR, OMC, OMI, OHI, TIAR, OEA, OPANAL, ZPCAS, CELAC, MERCOSUR y partes consultivas del Tratado Antártico; Argentina y Brasil integran el G 20, y este último el BRICS.

Los nueve países del Atlántico Sur son Estados parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR, Jamaica 10 de diciembre de 1982) y, en consecuencia, han trazado sus respectivas jurisdicciones marítimas y presentado mapas con el límite exterior de las plataformas continentales. En términos generales, y salvo el obvio caso del conflicto con el Reino Unido por la soberanía de los archipiélagos del Atlántico Sur, no hubo entre los países costeros conflictos insuperables a la hora de definir jurisdicciones.

Siendo las plataformas continentales espacios de jurisdicción  de los E ribereños nacional, el complejo proceso técnico de medirlas más allá de las 200 millas fue encarado por cada país según sus posibilidades científicas y técnicas.

4.6. Mención especial al collar de islas distribuidas por el Atlántico Sur, bajo jurisdicción británica de iure o de facto.

De norte a sur y siguiendo su posicionamiento geográfico, casi sobre la dorsal mesoatlántica suramericana se halla la Isla Ascensión de apenas 88 km², con la base militar de Cat Hill que utiliza Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, vecina a la de Wideawake Airfield operada por la RAF. A 1.300 km en dirección sureste está la Isla de Santa Elena de 121 km², ubicada a 1.865 km de las costas de Angola y a 3.565 de las brasileñas. Volviendo hacia el suroeste y a 2.700 km de Santa Elena, están las islas de Tristán da Cunha, de 207 km², prácticamente sobre los picos de la dorsal, que incluyen la isla Inaccesible y Ruiseñor (ésta incluye Middle y Stoltenhoff). Continuando hacia el sur, sobre la latitud del Río de la Plata, se encuentra la Isla de Diego Álvarez (o Gough) de 91 km² e islotes próximos, a 2.700 km de Ciudad del Cabo y a 3.200 km de Suramérica.

Las islas están agrupadas en el Territorio Británico de Ultramar (BOT) de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña. Georgias del Sur y Sandwich del Sur son territorio argentino ilegalmente ocupado por el RU, que las agrupó en un BOT sin gobierno autónomo. El régimen colonial de Malvinas tampoco es autónomo pero hay un gobernador que representa a la corona británica. En todos los casos, las cuestiones vinculadas a las relaciones exteriores y a la defensa están a cargo de Londres. El Comité Especial de Descolonización de la ONU las tiene en su listado[35].

Las islas e islotes mencionados, estratégicamente distribuidos por el Atlántico Sur, conforman un amplio semicírculo que parece hecho a propósito. Este derrotero insular incluye el archipiélago de Malvinas, el de Georgias del Sur y Sandwich del Sur y las aguas circundantes, ilegítimamente ocupadas por el Reino Unido hasta el día de hoy.

4.7. Incluimos en la descripción insular a tres archipiélagos de soberanía brasileña: el de Fernando de Noronha, perteneciente al estado de Pernambuco, ubicado a 545 km de su capital, Recife; y las islas de Trinidad y Martín Vaz bajo jurisdicción de Vitória, capital del estado de Espíritu Santo, a 1150 km de distancia. El archipiélago de San Pedro y San Pablo, el más inhóspito de todos, está a escasa distancia de la línea del Ecuador y a 870 km de Fernando de Noronha; también fue incluido en la jurisdicción pernambucana. Su ubicación geográfica les da forma de arco con proyección atlántica de gran relevancia geopolítica.

Por último, en el extremo sudoriental está la Isla Bouvet, bajo soberanía noruega, completamente inhóspita y por tanto deshabitada, cubierta de glaciares, se halla a 1900 km de las Islas Sandwich del Sur y a 1750 km de la Península Antártica.

 

Capítulo 5. El Atlántico Sur en claves geopolíticas.

5.1.1. Previo a presentar las “claves” de marras, y a fin de facilitar su consideración, señalemos que la geopolítica estuvo y estará presente en cada delimitación oceánica pues involucra intereses estratégicos de los Estados costeros, sin perjuicio del afán científico de los centros académicos.

Más allá de las delimitaciones, lo real es que el power belt sigue instalado entre los 10° y 40° de latitud norte, y eso lleva a discernir ciertas constantes geopolíticas transversales a los países del Atlántico Sur, considerando que cada uno tiene -con mayor o menor desarrollo- su propia visión geopolítica nacional. A la OTAN le preocupa mucho más la vigilancia de los Canales de Suez y Panamá y de los estrechos de Bab el Mandeb y Ormuz, que en los pasos de Hornos o de las Agujas.

Igualmente como cuestión previa, veamos sucintamente la situación de los países africanos y los de la costa americana.

La mutación de la Organización para la Unidad Africana (OUA, 1963) en Unión Africana (UA), en julio de 2002, fue un punto de inflexión para los 54 países del continente. La dirigencia africana entendió que debía encarar su integración y seguridad continental con otra perspectiva dejando definitivamente atrás el cruento proceso de descolonización durante la Guerra Fría.

Las desestabilizaciones institucionales, hambrunas, guerras civiles y genocidios de los últimos 25 años procuran superarse con las consignas de la Responsabilidad de Proteger[36]. Esto significa que África opta por centrar su atención en la situación continental pero atendiendo la realidad de cada país. 

África experimentó también la integración regional, cuyo mayor logro probablemente es el Área Continental Africana de Libre Comercio, en vigor desde 2019, que agrupa a todos los países de la UA. La línea “gradualista” del Grupo Monrovia (L. Louw-Vaudran, 2019:53) promovió en 2000 la Nueva Alianza para el Desarrollo Económico de África para combatir la pobreza y el subdesarrollo[37], y en 2003 el Mecanismo Africano de Revisión por Pares[38].

Otro suceso relevante fue la creación en Durban, en julio 2002, del Consejo de Paz y Seguridad de la UA[39], de activa participación en el conflicto de Sudán a fines de 2021. Stearns (2022), observó que en ambos Congo, Malí, Nigeria y Somalia, la guerra civil se convirtió “en una herramienta de negociación económica, una forma de vida e incluso un modo de gobierno”. La aparición de los actores yihadistas -Al Qaeda, ISIS, Boko Haram y Shabab-) asolando la región del Sahel (Burkina Faso, Chad, Níger, Mali y Mauritania) se proyecta por todo el continente e implica un cambio en la naturaleza de los conflictos.

5.1.2. En cuanto a Suramérica, todos los países de la región enfrentan las consecuencias de la recesión que aparejó la pandemia más las derivaciones económicas de otra guerra en Europa

Un compendio del ánimo sudamericano/atlántico se develó en la última cumbre de presidentes del Mercosur, celebrada en Asunción el 22 de julio, cuando el presidente uruguayo Luis Lacalle se negó a firmar la declaración final (más la abstención brasileña), ratificando la voluntad de su país de negociar con China un tratado de libre comercio por fuera del tratado.

5.2. Las claves que se exponen a continuación no implican un registro taxativo y existen otras para considerar en futuros proyectos de investigación.

Clave 1. La OTAN en el Atlántico Sur.

El Atlántico Sur fue considerado por los estrategas del Pentágono un elemento más “del conjunto planetario”, en tiempos de la confrontación bipolar soviético-norteamericana (Coutau-Begarie, 1992:16). Ese criterio fue el disparador para una nonata Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), planteada por Alexander Haig, a mediados de los ‘70, una “sucursal” de la OTAN para contrarrestar los movimientos revolucionarios en Angola y Mozambique más la presencia naval soviética en la zona[40].

La Cuarta Flota, que integra el Comando Sur de la US Navy fue reactivada en 2008 como respuesta a maniobras navales que ese mismo año efectuaron Venezuela y Rusia en el Mar de las Antillas[41]. Muestra de esa reactivación son  giras como la efectuada por la Gral. Laura Richardson –jefa del Comando Sur- a principios de mayo de 2022 a esta parte de América[42]. Quizás más importante -por su cargo- fue la del asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, a Brasil y Argentina a mediados de agosto de 2021, ocasión en que conversó con los dos presidentes sobre derechos humanos, cambio climático, recuperación de la pandemia, infraestructura digital y estabilidad regional[43]

La Cumbre de la OTAN, celebrada de fines de junio pasado en Madrid, emitió un documento donde se introduce un “nuevo Concepto Estratégico” -en línea con su Agenda 2030, elaborada en la Cumbre de Bruselas 2021[44]- para promover asociaciones globales ampliadas, que incluyan a Australia, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda y enfrentar “las amenazas cibernéticas e híbridas, la seguridad marítima, la lucha contra el terrorismo y el impacto del cambio climático en la seguridad”[45].

Carmen Romero (2022) entiende que aquel entonces de Bruselas, facilitará

                           la adaptación de la Alianza a la creciente competencia global y en un entorno de              seguridad cada vez más impredecible con amenazas tan serias como la agresión de Rusia contra Ucrania, el terrorismo, los ataques cibernéticos, las tecnologías disruptivas, el cambio          climático y los desafíos de Rusia y China al orden internacional.

Clave 2. Vigilancia cibernética y satelital.

En junio de 2013, un ex empleado de la CIA y NSA reveló documentos ultra secretos relacionados con la red Five Eyes (que involucra a Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Reino Unido), los cuales describían la magnitud de las redes de vigilancia XKeyscor y PRISM, ambas de la NSA en conjunción con otras agencias de inteligencia norteamericanas y de sus países aliados[46].

A fines de los ’90 se conoció la existencia de ECHELON, considerada la más grande red de espionaje y análisis de comunicaciones electrónicas, controlada por UKUSA, un pacto entre EUA y Gran Bretaña de 1946, que sumó después a Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

A su vez, el sistema Quad -conocido como “Diálogo de Seguridad Cuadriteral”- surgió en 2007 por iniciativa japonesa como un foro informal para intercambiar información y practicar ejercicios militares entre Australia, Estados Unidos, India y Japón. Luego de la cumbre ASEAN 2017, los gobiernos involucrados decidieron reimpulsar la iniciativa por las tensiones generadas en el Mar de China Meridional, fijando en 2021 dos objetivos: “Asegurar que la innovación tecnológica sea consistente con un Indopacífico libre y abierto” y “Mantener el orden marítimo basado en reglas en los mares del este de la China y de la China meridional”.

En su visita regional, Laura Richardson se interesó por la antena parabólica instalada por China en la provincia del Neuquén, producto de un acuerdo, en julio de 2012, entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la China Satellite Launch and Tracking Control General (“Control General de Lanzamiento y Seguimiento de China”, CLTC) para implementar un programa de exploración lunar. Este arreglo se entiende más en línea con la decisión china de afirmarse como jugador global con su decisión de enviar a la Luna una expedición tripulada, hacia 2025[47]. Un informe de TN permitió acceder a datos básicos, diez años después de la implementación de ese acuerdo de setenta y nueve páginas[48].

A mediados de marzo de 2021, el gobierno norteamericano consideró "un riesgo inaceptable" para su seguridad nacional a las empresas chinas Huawei Technologies, ZTE, Comunicaciones de Hytera, Tecnología digital Hangzhou Hikvision y Dahua[49]. Optar por la tecnología china ya está generando presiones políticas y económicas por parte de Estados Unidos a los países que las adopten.

Aunque la preocupación de las potencias atlánticas siga centrada en el hemisferio norte, están en condiciones de vigilar todo cuanto viaja por las redes, con métodos que rayan la ilicitud (A. González L., 2014).

La tecnología de los vehículos aéreos no tripulados (VANT)  -drones- raya la ciencia ficción. Se han construido de todas formas y tamaños para las más variadas funciones. Su característica principal central es que se controlan desde tierra y con localización satelital. Por tanto, siendo recursos tangibles del poder actual, están en la agenda tecnológica de todos los países del mundo.

Los drones se utilizan para actividades que van desde revisar el estado de los reactores de la usina de Fukushima, hasta fotografiar pájaros por gusto personal. Obviamente su uso militar o con fines de espionaje despierta suspicacias, incluso se los está experimentando para usarlos debajo el agua[50].

Clave 3. Cooperación en el Atlántico Sur.

El escenario descripto en los apartados precedentes acota la factibilidad de un esquema de cooperación integral entre los nueve países del Atlántico Sur, dadas las asimetrías económicas, tecnológicas y militares existentes entre ellos.

Sin embargo, un punto de partida lo constituye la común membresía en la ONU, OEA y UA, en cuyas amplias actividades multilaterales pueden converger en intereses específicos actuando en bloque, práctica habitual en organismos multilaterales.

Además son miembros del Foro de Cooperación América del Sur-África (ASA) y de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS). El primero es un foro político-económico basado en los principios de libre determinación y de la cooperación sur-sur, inspirado en 2004 por los gobiernos de Brasil y Nigeria. Agrupa a todos los países de África y de América del Sur pero solo ha celebrado cuatro cumbres con escasos resultados, posiblemente por el sesgo ideológico que se le imprimió[51].

En cuanto a la ZPCAS, otra iniciativa brasileña plasmada en la Resolución 41/11 de la Asamblea General de la ONU[52], también se enmarca en la necesidad de cooperación sur-sur de la primera década de este siglo (Brie, 2009).  La integran los tres países costeros suramericanos y los países africanos con costa atlántica desde Senegal a Sudáfrica, pese a que Senegal, Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakri, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín, Nigeria y Camerún, están “formalmente” en el Atlántico Norte. Su actividad fue más consistente que la del Foro ASA, por su carácter de organización consultiva bicontinental para sustraer la región suratlántica de una confrontación bipolar que llegaba a su fin. En uno de sus primeros párrafos, la Resolución 41/11

                           Exhorta a todos los Estados de todas las demás regiones, en especial a los Estados              militarente importantes, a que respeten escrupulosamente la Región del Atlántico Sur como              Zona de Paz y Cooperación, en particular mediante la reducción y eventual eliminación de              su presencia militar en la región y la no introducción de armas nucleares o de otras armas de              destrucción masiva (la cursiva es nuestra).

Por su parte, Iberoamérica se encuentra comprometida por el Tratado Interameri-cano de Asistencia Recíproca (1947), cuya ineficacia se patentizó durante el conflicto del Atlántico Sur, cuando Estados Unidos privilegió la relación con el Reino Unido y la OTAN.

En la actualidad ningún país americano parece interesado en sacar al TIAR de su coma inducido. Hubo iniciativas para remplazarlo, aunque desde 1982 a la fecha no hubo nada concreto por evidentes interferencias ideológicas. Para lograrlo habría que despejar varias incógnitas: definir la vigencia de un organismo que fue pensado para la Guerra Fría, qué intereses defiende, qué papel juega en la actualidad y cuál la posición del conjunto latinoamericano (L. Morgenfeld, 2015).

Otra cuestión de alta sensibilidad sigue siendo la del uso de la energía nuclear. Latinoamérica había previsto en el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Pacto de Tlatelolco, México 1967), el uso exclusivamente pacífico del material e instalaciones nucleares, a la vez de prohibir e impedir el ensayo, uso, fabricación o adquisición de armas nucleares entre otras acciones. Deriva de su normativa fue la constitución del Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL), integrado por los treinta y tres Estados partes del Pacto.

En la orilla de enfrente, está en vigor -desde julio de 2009- el Tratado Africano para la Formación de una Zona Libre de Armas Nucleares (Tratado de Pelindaba[53], 1996), con similares objetivos al Pacto de Tlatelolco, aunque todavía no fue ratificado por todos los Estados africanos.

El hecho de que submarinos con armas nucleares circulen por el Atlántico Sur, es suficiente motivo para promover la mejora integral de ese sistema regional y su celoso cumplimento por todos los países del mundo. Frente a tales amenazas, es campo fértil para la colaboración regional ya que los fines de ambos tratados de no proliferación coinciden con los objetivos de la ZPCAS. 

Clave 4. La hidrovía Paraguay-Paraná-Uruguay.

Los Estados costeros americanos del Atlántico Sur deben asegurarles a Bolivia y Paraguay un franco acceso a la Hidrovía Paraguay-Paraná para sacar su producción nacional por puertos fluviales y marítimos. Los cinco están vinculados, además, por el Tratado de la Cuenca del Plata (Brasilia, 1969) y por el Tratado de Asunción (diciembre, 1994), en el que Bolivia reviste estatus de asociado.

La Hidrovía se extiende por 3.442 kilómetros desde Puerto Cáceres en el sur brasileño; pasa por la frontera boliviana donde pasan dos ríos internacionales, Bermejo y Pilcomayo; atraviesa Paraguay, que cuenta con la tercera flota fluvial más grande del mundo (después de EE.UU y China[54]), transcurre por nuestra Mesopotamia y termina en Nueva Palmira, Uruguay. También se halla en carpeta la ampliación de la navegabilidad en el río Uruguay[55].

A la par, Bolivia y Paraguay procuran la conexión interoceánica de Bolivia y Paraguay mediante el Corredor Bioceánico Norte – Eje de Capricornio, aprobado por el Consejo del Mercosur en diciembre de 2015 (Declaración de Asunción), en el marco de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), foro creado en la Cumbre Suramericana de Brasilia en el año 2000. El corredor cuenta también con el Ramal C 14 del FFCC Belgrano que llega a los puertos chilenos de Antofagasta y Mejillones, y dos aeropuertos internacionales (A. Álvarez, 2019).

Debajo de los cinco países de la Cuenca del Plata existen aguas transfronterizas en doce acuíferos; ocho de ellos son binacionales, dos trinacionales y otros dos tetranacionales (entre ellos el Acuífero Guaraní). Esos grandes reservorios de agua dulce, por cantidad y calidad, están más estudiados que aprovechados[56]. Precisamente su aprovechamiento puede originar conflictos a los que conviene anticiparse impulsando una cooperación regional especializada.

Clave 5. Brasil.

A. Methol Ferré escribió esta frase en 2012:

                        “[…] podría decirse que la ‘geopolítica’ en América Latina es ante todo Brasil. Viene      de Brasil como práctica y como especulación. Al iniciarse los años ‘70 era un hecho el        ‘milagro’ de la industrialización brasileña, de su formidable expansión interna, en la asociación         de un Estado autoritario militar y grandes corporaciones”.

En efecto, Brasil heredó de su pasado imperial aptitud geopolítica, que fue reacomodando según los tiempos. Eso explica la presencia de geopolíticos que formaron escuelas en las primeras décadas del siglo XX. Un precursor fue Mario Travassos, cuyo aporte al diseño nacional se basó en dos premisas: 1- integrar y desarrollar el vasto espacio interno brasileño; 2- avanzar hacia las fronteras con todos los países sudamericanos, excepto Chile y Ecuador doctrina que después reacomodó Meira Mattos. Ejemplo práctico fue el traslado de su capital al planalto en tiempos de Kubitschek, erigiendo a Brasilia en símbolo del milagro brasileño.

Brasil jugó una carta importante cuando decidió alinearse con Estados Unidos enviando tropas a Italia durante la Segunda Guerra Mundial; la Casa Blanca nunca olvidó ese gesto. Tal alianza se mantuvo gracias al rechazo de sus FFAA a las izquierdas y por la necesidad de inversiones públicas y privadas para sostener su comercio, el desarrollo económico, progreso técnico y seguridad, según lo proponía Golbery do Couto e Silva, otro militar referente de la geopolítica brasileña. Así, las dirgencias políticas y sectoriales entendieron que las cuestiones nacionales están condicionadas por la coyuntura internacional, y que el bienestar popular es factible cuando se logra el desarrollo económico.

Tras la Guerra Fría se veía claro que terminar con los recelos entre argentinos y brasileños aceleraría la integración suramericana. Así lo entendieron los presidentes R. Alfonsín y J. Sarney cuando, en noviembre de 1985, suscribieron la Declaración de Iguazú, a poco de recuperadas nuestras democracias. Ese proceso culminó con la firma del Tratado de Asunción, seis años después. Hoy el Mercosur es un barco a la deriva.

Al comenzar Lula su segundo mandato en enero de 2007, Brasil era el indiscutido líder que mediaba en conflictos en una región que le quedaba chica; propició la UNASUR, procuró un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, aumentó su proyección africana para competir con las antiguas metrópolis y Estados Unidos[57], auspició el Foro ASA y la ZPCAS; promovió un fondo para producir uranio enriquecido e instalar una tercera central nuclear en Angra dos Reis y hasta para construir un submarino nuclear. Todo eso finalmente se diluyó con crisis políticas que consumieron al PT durante la gestión de Dilma Roussef.

Con todo, su aspiración de jugador global se potenció al constiuirse, a mediados de 2008, el Grupo BRIC -Brasil, Rusia, China, India-, ingenio del grupo Goldman Sachs al que se sumó Sudafrica en 2010. El común denominador de esos cinco países es su extensión y población: Brasil quinta superficie territorial mundial con sus 8.511.965 km², quinto en población de 217.240.060 estimados a 2022.

En esa línea de proyección, y para afianzar su presencia en el Atlántico, el entonces jefe de la Marina, Almte. Ilques Barbosa, manifestó a principios de 2019 que su misión sería mantener la continuidad de programas estratégicos, tales como el “Programa Nuclear de la Marina (PNM), el Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), la Construcción del Núcleo del Poder Naval (que incluye la adquisición de buques clase Tamandaré y la construcción de buques patrulleros), el Programa de Capacidad Operacional Plena, el Sistema de Manejo de la Amazonía Azul y de Seguridad de Navegación”[58].

Un serio problema actual, por su repercusión internacional, es la situación de la Amazonia (compartida con todos sus países limítrofes), sometida a recurrentes intentos de declararla patrimonio común de la humanidad.

 

Clave 6. Recursos naturales.

Los nueves países costeros son Estados parte de la CONVEMAR, por tanto trazaron sus jurisdicciones marinas y plataformas continentales (excepto los BOT, que carecen de ellas) sin mayores problemas, salvo el caso puntual de nuestra controversia con el Reino Unido.

La problemática de los recursos naturales (RRNN) del Atlántico Sur es tan vasta como el propio océano, razón por la cual abordaremos solo los siguientes tópicos.

- Pesca y áreas marinas protegidas (AMP)

El Atlántico Sur es una porción oceánica que se ha convertido en un  imán para flotas pesqueras de altura y buques poteros que depredan especies marinas en la milla 201[59], entre ellas las de China, Japón, Corea del Sur, España y Polonia. Juntas representan más del 80 % de la captura, y es muy dificultoso su control pese a acuerdos internacionales asumidos, en especial la Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), la Convención Internacional para la Caza de la Ballena y la Convención para la Conservación de Focas Antárticas. Nada impide que los países costeros desarrollen acuerdos para facilitar  un mejor control del recurso. 

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) define las AMP como un área que “abarca una porción de terreno intermareal o submareal conjuntamente con las aguas que la cubren, la biodiversidad, las características históricas y culturales asociadas” (Caruso, 2021:243). La amplitud de la definición da la pauta de la complejidad que encierran.

Argentina ha creado una AMP de alto nivel científico y estratégico en el Banco Namuncurá-Burdwood[60], dentro de la zona económica exclusiva argentina. Partes de su tercio oriental y norte fueron incluidas por el Reino Unido en una “Zona de Conservación Externa de las Islas Malvinas”, a partir de agosto de 1994, lo cual obviamente fue protestado por el gobierno argentino[61].

La ausencia de claridad geopolítica se evidenció en el debate de la Cámara de Diputados de la Nación, cuando se dio media sanción al proyecto de creación del “Área Marina Protegida Bentónica Agujero Azul”, suscitando justificadas críticas de especialistas en la materia, entre ellos César Lerena[62]. 

Sudáfrica estableció 45 áreas protegidas en su ZEE, alcanzando al archipiélago de las Islas del Príncipe Eduardo, ubicadas en el Índico y bajo jurisdicción de la Provincia de El Cabo, donde opera el Programa Nacional Antártico de este país. Brasil también creó “unidades de conservación”, ricas en biodiversidad marina, en los archipiélagos mencionados, lo que implica una superficie de casi un millón de km² (el 24,5% de su mar), en el marco del Sistema de Manejo de la Amazonia Azul[63].

El Reino Unido estableció AMP en aquellos territorios bajo disputa de soberanía (A. Díaz, 2020). A inicios de 2012, violando el sistema multilateral de la CRUMA, declaró así a más de un millón de km² alrededor de los archipiélagos de Georgias y Sándwich del Sur, que incluyen 20.000 km² de exclusión pesquera, lo que fue objeto de formal protesta argentina[64]. A mediados de 2019 sumó otra de 400,000 km² alrededor de Ascensión. Esas zonas están incluidas en el “Programa Cinturón Azul”, con el cual el gobierno británico dice promover la conservación marina en sus territorios de ultramar, incluido Chagos. En enero de 2021 sumó al programa el 90% de las aguas territoriales del archipiélago de Tristán de Acuña[65].

Todos los países australes, partes consultivas del Sistema Antártico- han delimitado sus AMP, cuya protección tiene alcance mundial y se explica por la necesidad de resguardar recursos naturales marinos y su obvio trasfondo geoeconómico, que preanuncia conflictos[66].

- Nodos polimetálicos: Brasil en la delantera

Presentadas las cartas de su plataforma continental, Brasil encaró el Proyecto Amazonia Azul. En ese marco se constituyó en el primer país latinoamericano en presentar un proyecto a la Autoridad Internacional de Fondos Marinos a fin de explorar la Elevaçao do Rio Grande, a 1.500 km de Río de Janeiro. En septiembre de 2009 fue creado el Programa de Prospección y Exploración de Recursos Minerales de la Zona Internacional del Atlántico Sur y Ecuatorial (PROAREA), en el ámbito del Comité Interministerial de Recursos Marinos. De ese ámbito derivó un proyecto presentado, en diciembre de 2013, a la Autoridad Internacional de Fondos Marinos para explorar cortezas de ferromanganeso de cobalto por medio de una compañía estatal, en el área arriba mencionada. Su plan de trabajo fue aprobado por la Comisión Jurídica y Técnica y luego por el Consejo de Autoridad. El contrato entre la Autoridad Internacional y empresa estatal se  firmó en noviembre de 2015 con duración de quince años que pudieran prorrogarse (A. Pereira da Silva, 2017:322)[67].

Clave 7. La proyección antártica.

El Tratado Antártico (Washington, 1959) logró sustraer al continente blanco de las tensiones de la Guerra Fría, proponiendo como objetivos principales la investigación científica y la no militarización y desnuclearización. Desde su entrada en vigor en 1961, las partes en el TA (Partes Consultivas) fueron constituyendo un “sistema” que ha sostenido en el tiempo los propósitos y principios fundacionales. Ha instituido una Secretaria Permanente con sede en Buenos Aires para coordinar la agenda de temas y reuniones.

Transcurridos los treinta años de la entrada en vigor, se adoptó el pragmático Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente (Madrid, 1991) con cuatro anexos -vigentes desde 1998- explicitó las nuevas problemáticas: Evaluación del impacto sobre el medio ambiente, Conservación de la Fauna y Flora Antárticas, Eliminación y tratamiento de residuos y Prevención de la contaminación marina[68]. Los seis anexos apuntan implícitamente a llamar la atención sobre la exploración y explotación económica de los recursos antárticos.

Esa delicada construcción jurídico-política será puesta a prueba cuando se cumplan los 50 años de la vigencia del Protocolo, ya que su art. 25.2. prevé la posibilidad de convocar, en 2028, a una conferencia de las partes consultivas y no consultivas para revisar su aplicación a pedido de cualquiera de ellas.

El art. 2 del Protocolo declaró a la Antártida “reserva natural dedicada a la paz y la ciencia”, el art. 3 estableció principios básicos aplicables a las actividades humanas, mientras su art. 7 prohibió cualquier actividad relacionada con dichos recursos, salvo para la investigación científica. ¿Cómo evitar otra Caja de Pandora? La prohibición de explotar recursos minerales está supeditada a un régimen vinculante sobre “las actividades relativas a los recursos minerales antárticos” (art. 25.5), punctum dolens del Sistema en esta instancia. La preponderancia científico-tecnológica de las potencias desarrolladas seguramente impondrá condiciones.

No obstante, que no sea pantalla para ocultar los desarrollos militares que desnaturalizan el Sistema Antártico. Dice Anne-Marie Brady (2021) que la instalación de estaciones satelitales terrestres ha variado la valoración estratégica de la Antártida. La especialista neocelandesa ha descripto cómo Estados Unidos, Rusia y China disputan la tecnología del posicionamiento global a través de sus sistemas GPS, Glonass y Beidou, respectivamente. EE.UU tiene desplegadas 31 antenas en el globo terráqueo, China 35 y Rusia 23.

Estados Unidos, que ya tiene funcionando el GPS III, instaló su primera antena en la Antártida en 1995 con participación de un consorcio de países miembros de la OTAN. China está construyendo una nueva base al efecto en el Mar de Ross, la cual  formará parte de un enlace que correrá por territorio de los 60 países asociados a la Ruta de la Seda. Esa clase de instalaciones afectan los objetivos del TA.

Las nuevas tecnologías apuntan a un mejor posicionamiento y cronometría para el teleguiado de misiles; carece de regulación específica y no se incluyó en la agenda de las Reuniones Consultivas.

Clave 8. China siempre activa.

China está presente en el continente africano desde la Guerra Fría misma, pero pasaba desapercibida. Sus aspiraciones hoy abarcan desde la instalación de una antena en la neuquina Bajada de Agrio, hasta la financiación de centrales nucleares y presas hidroeléctricas en varios países.

El mayor despliegue de su diplomacia comercial apunta a asegurar el abastecimiento de materias primas para consumo humano y para la producción industrial, promoviendo para ello la Ruta de la Seda. Por eso aporta inversiones, concretadas -entre 2005 y 2018- en Gabón, Namibia, los dos Congo, Sudáfrica, Angola y Nigeria, principalmente en transporte, energía, metales e inmuebles. Hizo inversiones en los puertos de Nuakchot (Mauritania), Lomé (Togo), Lagos (Nigeria), Luanda (Angola) y Walvis Bay (Namibia), mientras ejecuta obras en Dakar (Senegal), Conakry (Guinea-Conakri), Abiyan (Costa de Marfil), Tema (Ghana), Kribi (Camerún) y Libreville (Liberia).

En la costa suramericana la empresa Shadong BaoMa ofreció hace poco al gobierno uruguayo construir un puerto con capacidad para 500 barcos chinos, iniciativa trabada por problemas legales y oposición ciudadana y de ong ambientales. Se trata de una inversión de  u$ 200 millones destinados a una zona franca, puerto, astillero y plantas para industrializar pescados en un predio de Punta Yeguas, própximo a Montevideo[69].

Evan Ellis (2022), investigador experto en asuntos latinoamericanos, analizó la reciente Cumbre de las Américas, celebrada en Los Ángeles en junio 2022, advirtiendo la preocupación de la administración Biden sobre la dificultad de las organizaciones multilaterales del continente para constituirse en “herramientas de configuración para desarrollar una agenda regional y fomentar la coordinación”, pensando en el incesante despliegue chino, obviamente.

María Repnikova (2022), analizando la estructura del poder blando de China, base de su diplomacia, advierte que su “comprensión y la práctica del poder blando se centran más en el pragmatismo que en los valores”. Por eso considera que

                           la estrategia de poder blando del PCCh implica promover la cultura y los valores            chinos, pero también promociona el modelo de desarrollo económico de China, su              competencia de gobierno, sus avances tecnológicos, sus crecientes capacidades militares y su          capacidad para llevar a cabo la movilización política, como se ve en sus campañas contra la        pobreza y la corrupción. Cualquier cosa que pueda mejorar la imagen de China se considera      un elemento de poder blando, incluso el poder duro chino.

China es un jugador global con aspiraciones de superpotencia y como tal actúa. Así como Estados Unidos no logra compatibilizar su agenda con la del resto de los países americanos, algunos gobiernos no terminan de entender que tampoco China regala nada buscando siempre el mejor negocio. Lo cual no implica descalificarla como interlocutor válido.

 

Capítulo 6. Conclusiones

6.1. ¿Cuándo hay orden mundial? ¿Vivimos acaso en alguno que exhiba ambos caracteres, es decir “orden” y “mundial” o estamos en un período transicional? En este capítulo conclusivo, el estado del mundo. Transcurriendo la tercera década no han cambiado sustancialmente las condiciones económicas y sociales de los dos tercios de la humanidad.

Presentado este relato como hipótesis de trabajo, las conclusiones aquí expuestas son presuntivas -y hasta provisorias- dada la dinámica de los acontecimientos; y van más allá de la problemática específica del Atlántico Sur por aquello de la teoría del caos y el efecto mariposa: todo tiene que ver con todo, más en la era de la globalización.

Los asuntos estratégicos planetarios son diseñados por 7 los 195 países del mundo, desde que, en 1973, las potencias industriales armaron el Grupo de los Siete (G 7), que sumó a un solo país no occidental y no atlántico. En 1999, esa “mesa chica” amplió su base de sustentación intergubernamental y apareció el Grupo de los Veinte (G 20), esta vez con presencia de varios países “emergentes” de distintos continentes. Ese conjunto representa el 85% del PBM y el 65% de la población mundial, aproximadamente. A su vez, las economías industrializadas constituyen el 65% de la riqueza neta mundial y más del 46% del PBM, en valores netos[70].

Según datos del Banco Mundial (en cuyo porche central se lee “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”), cien personas poseen la misma riqueza que 3.500 millones de pobres. La desigualdad aumenta la brecha que separa a los muy ricos de los muy pobres, y se detecta en la falta del imprescindible acceso al agua potable, energía eléctrica, saneamiento, educación, salud y seguridad.

La Asamblea General de la ONU adoptó en 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con la meta de “acabar con la pobreza” para ese año, lo cual implicaría lograr que 50 millones de personas por año obtengan ingresos superiores a u$ 1,90 diarios[71]. Estos índices e indicadores señalan que algo no está funcionando bien en nuestro planeta y desde hace bastante tiempo.

Territorio, población y recursos naturales, principales recursos tangibles de poder, han establecido tres categorías: países continentes por extensión y población (Brasil, China, Estados Unidos, Europa en conjunto, India, Rusia); países extensos pero con baja densidad poblacional (Argelia, Argentina, Australia, Canadá, Colombia, Rep. Democrática del Congo, Sudán); países menos extensos pero con más de 100 millones de habitantes (Egipto, Filipinas, Indonesia, Japón, Méjico, Nigeria, Pakistán, Bangladesh). Los países nombrados -y los bloques que construyan- tendrán más protagonismo en la política mundial[72].

En ese mundo desigual, el 80% del comercio mundial circula por rutas navegables.  Koutoudjian (2015) considera a los océanos la “última frontera de exploración humana en el planeta”, en los cuales se plantearán la mayor parte de las disputas, siendo el Atlántico Sur la última frontera dinámica de la Argentina.

6.2. En suma, este es el escenario argentino en una América del Sur que, como refleja el mapa que se reproduce más abajo, está lejos de todo y de todos y las que siguen son algunas conclusiones:

1ª – Hay indicios suficientes acerca de cómo se va perfilando el mundo multipolar, una reacción contra el orden atlántico, vigentes desde hace más de cinco siglos,  cuya visión de los asuntos planetarios genera cada vez más resistencia. Sin embargo, no se confunda mundo multipolar con multilateralidad. El segundo concepto alude a un mecanismo “procedimental” apto para lograr acuerdos en Congresos y Conferencias con muchos actores, en procura de aproximar intereses sobre asuntos determinados.

– El “hecho” globalización ha generado un pensamiento “globalista” con marcado sesgo ideológico, que pretende una gobernanza mundial y minimiza al Estado nacional y la vigencia de su voluntad soberana. 

3ª - La geopolítica llegó para quedarse y sus análisis deben preservarse de  los ideologismos de derecha o izquierda. Asimismo, la geoeconomía ganó relevancia en tanto herramienta útil para decisiones estratégicas con incidencia en la economía y cultura de cualquier país, en función de factores geográficos y políticos.

4ª - Los países de la Alianza Atlántica, liderados por el tándem Estados Unidos-Reino Unido Bretaña, no cederán su posición preponderante y sus líderes presumen que, por ahora, la multipolaridad no necesariamente derivará en “orden” multipolar. Ante esa posibilidad, factores del poder financiero globalista intentarán una nueva bipolaridad: Occidente vs. Eurasia; o alguna variante de cuadri o pentapolaridad.

5ª – Los países de América Latina deben definir su polo iberoamericano, asumiendo su ubicación occidental, asentada en la herencia cultural hispano-portuguesa y sumado el mestizaje indoamericano.

6ª - Estados Unidos tracciona a sus aliados occidentales hacia una competencia con China como contrincante global, mientras Europa no termina de construir una doble democracia -nacional y comunitaria-, inmersa en una grave crisis identitaria. La Rusia de Putin, a su vez, define a Eurasia como polo de pertenencia.

- El G 7 busca dejar atrás el Consenso de Washington (reductor del papel del Estado bajo la consigna libre mercado, desregulación económica y privatización), para adoptar las pautas del Consenso de Cornualles[73], programa que modifica el paradigma anterior impulsando un nuevo contrato social internacional -“radicalmente distinto”- en el cual el Estado coordine asociaciones público-privadas para lograr una economía resiliente, sostenible y equitativa aunque con las cuestionadas reglas de Bretton Woods y del sistema de Naciones Unidas.

8ª - La Declaración de Madrid de la OTAN anticipa una puja de consecuencias imprevisibles para los países del Atlántico Sur de una y otra orilla, los cuales deberán considerar con atención sus futuros alineamientos nacionales. Esa “unidad atlántica para defender el orden internacional” acentuará su presencia en el Atlántico Sur, con anclaje en los BOT.

9ª - El conflicto de Ucrania, sin visos de solución al presentar este relato, expresa tensiones derivadas de los reacomodamientos del poder mundial, las cuales se agudizarán en esta tercera década del siglo XXI. Sin embargo, posiblemente estemos frente al primer caso de un conflicto geopolítico abordable con lógica multipolar que requiere de la intervención de varios garantes, pues está en juego la gobernabilidad de las sociedades antes que la puja democracia vs. autoritarismo.

10ª - La comunidad internacional debe elaborar una agenda de trabajo para establecer ámbitos de negociación e implementar -sin prisa pero sin pausa- la revisión de la Carta de Naciones Unidas y los estatutos de organismos multilaterales para mitigar asimetrías y reducir cerrar lo más posible la brecha entre ricos y pobres.

11ª - El Atlántico Sur fue el espacio de mayor circulación durante tres períodos históricos (Alencastro, 2022) y los vínculos históricos entre África y América del Sur se remontan a inicios del siglo XVI. Un tercer período comenzó con la independencia de Angola, marcando el “retorno a las relaciones sur-sur”, imprescindible para ambos continentes. Por tanto, resulta necesaria un agenda común que evite el traslado de las tensiones del hemisferio norte a esta región.

12ª - Asumiendo que África cuenta con el 24% de las tierras cultivables del mundo (aprovechadas solo en un 9%), 1/3 de las reservas minerales y con una proyección demográfica superior al resto de los continentes, y considerando los recursos naturales de la porción suramericana, urge fortalecer el comercio bicontinental. 

13ª - Las presencias de Francia en el puerto de Dakar y de Gran Bretaña en el puerto de Freetown -capital de Sierra Leona-, y en la base sudafricana de Simonstown considerada único puerto militar de la costa occidental africana convenientemente equipado (aparte de la “fortaleza Malvinas”, desde luego), hará difícil construir un acuerdo de seguridad colectiva. No obstante, tal posibilidad debe considerarse en una agenda regional, orientada a la defensa y protección de los recursos naturales del mar y los de cada país con criterios de orden multipolar.

14ª - La sustancial diferencia tecnológica en la creación y manejo de tecnología aplicable al espionaje de alcance planetario, es un campo que obliga a cooperar en producir aplicaciones similares contraofensivas, incentivando además debates jurídicos para desterrar prácticas lesivas para la paz y seguridad internacionales en nuestros países.

6.3. Como se advirtió en la Introducción, el principal objetivo del relato es favorecer la reflexión geopolítica en el ámbito de la AADI. Quede constancia que contamos con otros relatos, ponencias y trabajos doctrinarios con implícitas consideraciones geopolíticas, aunque quizás no tan explícitas como en este trabajo. Nuestro Anuario contiene enjundiosos estudios académicos (varios citados en la bibliografía) en los que la geopolítica está presente.

6.4. Precisamente por como se concibió este relato, eludimos el conflicto de soberanía con el Reino Unido. Sin embargo, las descripciones y reflexiones de los capítulos precedentes, tienen esa cuestión como telón de fondo. Por ende, las “claves” expuestas en el capítulo 5 en cierto modo implican una hoja de ruta para avanzar hacia la recuperación definitiva de los archipiélagos, espacios marítimos adyacentes y plataforma continental. Por lo demás, la visión geopolítica de este autor –la Argentina peninsular bicontinental y oceánica, pensada por J. E. Guglialmelli (1979)- está expuesta en la bibliografía (Barbarán, 2020).  Nuestra visión geopolítica adhiere a la Argentina peninsular bicontinental y oceánica de J. E. Guglialmelli (1979), que implica tener presente a Chile, país con el que compartimos la “península suramericana” conforme al deslinde históricamente convenido entre ambas partes. No se incluyó a Chile en este relato pues se enfocó en el Atlántico Sur[74].

 

 

 

 

 

 

 

 


6.5. Habrá orden mundial cuando la comunidad internacional en su conjunto establezca reglas fiables que garanticen su coexistencia pacífica. Ese proceso inducirá cambios sustanciales que van desde la matriz energética hasta los modos de producción, la protección de la biodiversidad y el medio ambiente, el respeto y la tolerancia entre los pueblos, el ataque de raíz a la pobreza, la ignorancia y la corrupción. El Bien Común de los pueblos está más allá de cualquier sistema político o ecuación económica.

Asumimos que en nuestro diablo mundo las “transiciones” suelen prolongarse demasiado. De algún modo, la guerra de Ucrania aceleró el proceso de reacomodamiento y alineaciones. Los países del mundo deben asumir definitivamente que tanto una geopolítica nacional como un polo geopolítico son construcciones de abajo hacia arriba, y estas se realizan con los recursos de poder con que se cuenta, teniendo claros los objetivos estratégicos para el mediano y largo plazos.

En fin, esta nueva Titanomaquia, como aquella primigenia que relatara Hesíodo, se presenta también bipolar: dioses y aliados con Zeus a la cabeza, por un lado; titanes y los suyos liderados por Cronos, por otro. Sabemos quienes ganaron aquella disputa cósmica; ahora veremos si hecatónquiros y cíclopes seguirán en segundo plano o se animarán a jugar sus propias cartas para vivir en paz, libertad y seguridad.

Salta, 31 de julio de 2022

Gustavo E. Barbarán

 

 

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[1] Los otros cuatro fueron: el de Saint-Germain-en-Laye con Austria (sept. 1919); Neully con Bulgaria (nov. 1919); Trianon con Hungría (jun. 1920), y Sèvres con Turquía (ago. 1920).

[2] Al momento de escribirse este trabajo, el conflicto en Ucrania mantenía su descalabro humanitario y económico, sumado al arrastre generado por una pandemia de origen poco claro. Con o sin ese conflicto, el mundo avanza hacia un esquema de poder y seguridad internacionales, impulsado otra vez por un conflicto militar en teatro europeo.

[3] Evitar toda expansión territorial a costa de otro Estado; no introducir modificaciones territoriales sin acuerdo expreso de los pueblos involucrados; respetar el derecho de los pueblos a elegir libremente su forma de gobierno; igualdad de los Estados grandes y pequeños en el acceso igualitario al comercio y a las materias primas; restablecimiento de una paz que permita vivir con tranquilidad dentro de las propias fronteras; libre navegación de los mares; eliminación del uso de la fuerza.

[4] Principalmente cambio climático, recursos naturales, pobreza y corrupción estructurales, pandemias, delincuencia trasnacional, seguridad nacional y colectiva, terrorismo. Lo demuestra el fracaso de la 26ª Conferencia de Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Glasgow, noviembre 2021). Disponible en https://www.un.org/es/climatechange/cop26#:~:text=La%20Conferencia%20 de%20las%20Naciones,3.886%20 representantes%20de%20los%20medios.

[5] Entre 1948 y hasta la crisis del petróleo, la producción industrial creció a un promedio anual del 5,6%. Ver A. Aparicio Cabrera, “Historia económica mundial 1950-1990”. Revista Elsevier nº 385 (mar.-abr. 2014. UNAM, México. Disponible en https://www.elsevier.es/es-revista-economia-informa-114-articulo-historia-economica-mundial-19501990-S0185084914704207.

[6] Así proponía el informe “La calidad de la vida en las Américas” (cap. III, ap. D), elaborado el 30 de agosto de 1969 por el entonces vicepresidente norteamericano Nelson A. Rockefeller. Disponible en http:// codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/Q5A3RS4C1E1LNAEJFBHN9RTGSEEY58.pdf. También en Barbarán, Zicosur…capítulo I (EUCASA. Salta, 2019).

[7] Esa Encíclica, junto a Sollicitudo rei socialis del Papa Juan Pablo II y Laudato Si’ de Francisco, describen muy bien los respectivos contextos históricos mundiales con realismo y precisión.

[8] La ASEAN, con sede en Singapur, había sido creada en agosto de 1967 (disponible en https://asean.org/).

[9] La OCS fue fundada en junio de 2001 por China, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán, la Federación Rusa, Tayikistán y Uzbekistán; en 2017 se suma India y en 2021 Irán. Disponible en http://eng.sectsco.org/.

[10] Disponible en https://unctad.org/es/news/pacto-comercial-entre-asia-y-el-pacifico-crea-un-nuevo-centro-de -gravedad-para-el-comercio.

[11] Creada por Rusia y abierta a la participación de países de la Comunidad de Estados Independientes, es un pacto de legítima defensa colectiva. Disponible en https://idpbarcelona.net/la-organizacion-del-tratado-de-seguridad-colectiva-y-su-intervencion-en-kazajstan-6-11-de-enero-de-2022/#:~:text=El%206%20de%20enero%20de,%2C%20Tayikist%C3%A1n%2C%20Bielorr usia%20y%20Kirguist%C3%A1n.

[12] Ver https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58579238.

[13] Aleksandr Dugin. Anexo 2 de Geopolítica del mundo multipolar (2016:187). 

[14] El club informal BRICS sería una expresión geopolítica del “segundo mundo” (íd.:140), aunque ni China ni Rusia hoy lo integren.

[15] Este economista turco considera que los problemas mundiales se abordarán mejor con polos adicionales a Estados Unidos y China, la Unión Europea y “un consorcio de economías emergentes” que incluya a México, Brasil, India e Indonesia, Malasia, Turquía, Sudáfrica y otros”.

[16] Tras la caída de la Unión Sovietica, había vaticinado que “Por primera vez en la historia, una potencia no-eurasiática ha emergido no sólo como árbitro clave de las relaciones de poder en Eurasia, sino también como la potencia más importante del mundo” (1996:12).

[17] "Hacia un realineamiento global". The American Interest – Vol. 11 nº 6 – 17 de abril 2016. Disponible en https://www.the-american-interest.com/2016/04/17/toward-a-global-realignment/.

[18] Diario Clarín, 23 de septiembre de 2007, disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/amrica-latina-puede-contar-ms-en-la-geopoltica-mundial-entrevista. También “Las 10 claves que el explican el Nuevo Sistema Mundo” en https://www.patagonia3mil.com.ar.

[19] Veinte días antes de la invasión a Ucrania, Xi Jingping y Vladimir Putin suscribieron una Declaración Conjunta en Pekín (04/02) en la que auguran una nueva era de relaciones bilaterales, rechazando cualquier ampliación de la OTAN por la “influencia” negativa de Estados Unidos para la paz y seguridad de la región del Asia-Pacífico. Disponible en http://www.kremlin.ru/supplement/5770#sel=9:20:f,9:20:f;39:1:Ca7,39: 47:Wci.

[20] Leonard, ciudadano británico, es director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “Mark Leonard dice más…”. Reportaje publicado en Project Syndicate (26/04/20229). Disponible en https://www.project-syndicate.org/say-more/an-interview-with-mark-leonard-1-2022-04?utm_source=Project+Syndicate+Newslett er&utm_campaign=e16abaf8e0-covid_newsletter_04_27_2022&utm_medium=email&utm_erm=0_73bad5b 7d8-e16abaf8e0-107136089 &mc_cid=e16abaf8e0&mc_eid=3b158b31ae.

[21] El teórico francés Pierre Célérier (1983) y varios como él entienden la geoestrategia desde el punto de vista de la estrategia militar y en función de zonas de influencia y de seguridad específicas.

[22] Es lo que vienen trabajando, por ejemplo, desde hace décadas las provincias norteñas en función de la Región del Norte Grande Argentino y la ZICOSUR ante la falta de una visión geopolítica nacional.

[23] Juan E. Guglialmelli entendía la cultura como una “frontera” del Estado.

[24] El equilibrio del poder -analizaba Esther Barbé (1987)- “es un concepto ligado a la Teoría de las Relaciones Internacionales desde sus orígenes” y su producción teórica de factura mayoritariamente norteamericana. Para esta reconocida catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona, todos los especialistas “han recurrido a la noción de equilibrio del poder para elaborar su teoría de las Relaciones Internacionales”, que consideramos de gran ayuda para los análisis geopolíticos con perspectiva latinoamericana.

[25] En orden temporal: el alemán Karl Ritter (1779-1859), considerado creador de la geografía moderna al proponer relacionar el ambiente con la vida humana; otro alemán, Friedrich Ratzel (1844-1904), inspirador de la geografía humana; y el sueco Rudolf Kjellén (1864-1922, quien bautizó “geopolítica” a la nueva ciencia. Los tres fueron reconocidos geógrafos y contribuyeron al armado de la geopolítica alemana a fines del s. XIX.  

[26] González Tule refiere así a lo que viene planteando el irlandés Gerard ‘O Tuathail en su libro Geopolítica crítica: la política de escribir el espacio global (1996), desde el enfoque posestructuralista que se da en la literatura anglosajona.

[27] El desarrollo de la teoría geopolítica francesa abarca hasta una “geopolítica del caos”, sostenida por Ignacio Ramonot y otros pensadores de izquierda.

[28] También Preciado Coronado (2011) analizó, en el ensayo citado en nota precedente, las corrientes críticas y su influencia en el debate académico sobre la geopolítica del siglo XXI.

[29] La OHI, fundada en 1921 y con sede en Mónaco, coordina además “las actividades de los servicios hidrográficos nacionales y establece normas para promover la uniformidad en las cartas y documentos náuticos” (disponible en https://iho.int/ y https://iho.int/en/map-of-member-states). En Argentina esa tarea le corresponde al Servicio de Hidrografía Naval (http://www.hidro.gov.ar/), creado en 1879, el cual depende -desde 2007- de la Subsecretaría de Investigación Científica y Política Industrial para la Defensa, del Ministerio de Defensa de la Nación.

[30] La OMI, creada en 1957, tiene su sede en Londres. Colaboró con la OHI en la confección de un Manual Conjunto relativo a la información sobre seguridad marítima, en 2009 (https://www.imo.org/es).

[31] Alrededor del 80% de la contaminación oceánica es causada por acciones humanas. Aparte de los derrames de fluidos, unas 8.000.000 ton. de plásticos por año terminan en mares y océanos, afectando ecosistemas con elevado perjuicio económico.

[32] Ese criterio figura en la Publicación Especial nº 23 Limits of oceans and seas. 3ª Edición 1953. Montecarlo 150-XII-1971. Recuperado en https://iho.int/uploads/user/pubs/standards/s-23/S-23_Ed3_1953_EN.pdf.

[33] Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%Admites_de_los_oc%C3%A9anos#Atl%C3%A1ntico_N orte.

[34] Disponible https://www.telam.com.ar/notas/202107/563232-naciones-unidas-atlantico-sur.html#:~:text=Ar gentina%20record%C3%B3%20la%20Resoluci%C3%B3n%2041,eventual%20eliminaci%C3%B3n%20de% 20su%20presencia.

[35] Disponible en https://www.un.org/dppa/decolonization/es/nsgt.

[36] Adoptada en la Cumbre Mundial de 2005. Disponible en https://www.un.org/es/chronicle/article/la-respon sabilidad -de-proteger.

[37] Disponible en https://www.casafrica.es/es/redes/nueva-alianza-para-el-desarrollo-de-africa-nepad#:~:text= La%20Nueva%20Alianza%20para%20el,subdesarrollo%20en%20todo%20el%20continente.

[38] Se trata de un mecanismo de afiliación voluntaria destinado a implementar estándares de conducta política y objetivos socioeconómicos, supervisado por la UA, a fin de cumplir la Agenda 2030 de la ONU y la Agenda 2063 de la UA. Disponible en https://hmong.es/wiki/African_Peer_Review_Mechanism.

[39] Su principal objetivo es bregar por la resolución pacífica de los conflictos, promover entre los países el diálogo y el consenso y una institucionalidad democrática. Ver https://www.usc.gal/es/institutos/ceso/UA-CPS .html y https://atalayar.com/content/el-consejo-de-paz-y-seguridad-de-la-uni%C3%B3n-africana-env%C3%A da-una-misi%C3%B3n-sud%C3 %A1n.

[40] Haig se desempeñó como comandante supremo aliado en Europa del Mando Aliado de Operaciones (ACO) de la OTAN y fue Secretario de Estado cuando la crisis de Malvinas. La OTAS debía construirse con apoyo de los regímenes militares anticomunistas, en el lado americano, y de la Sudáfrica del apartheid en la otra costa. Sin embargo, Brasil, priorizando su geopolítica, se encargó de desactivar tal propuesta con anuencia argentina.

[41] Ver https://www.unav.edu/web/global-affairs/detalle/-/blogs/la-iv-flota-de-eeuu-atenta-a-latinoamerica #:~:text=La%20Cuarta%20Flota%20es%20parte,Am%C3%A9rica%20Central%20y%20del%20Sur.

[42] Richardson también aprovechó su viaje para saber más de la presencia china e interiorizarse en Ushuaia sobre las actividades de la Armada. Ver https://www.defensa.com/argentina/jefe-comando-sur-eeuu-argentina-taina-pla ntey-reino-unido-cese.

[43] Disponible en https://www.infobae.com/opinion/2021/08/15/sullivan-en-argentina-y-brasil-una-visita-relevan te-y-algunos-interrogantes/.

[44] Carmen Romero (Vicesecretaria General de Asuntos Diplomáticos de la OTAN desde 2014) en “Agenda OTAN 2030 y Concepto Estratégico 2022”. Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 8, nº 1, (2022), pp. 113-120 en https://seguridadinternacional.es/resi/html/ agenda-otan-2030-y-concepto-estrategico-202 2/.

[45] El documento está disponible en https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2022/06/ 29/fact-sheet-the-2022-nato-summit-in-madrid/.

[46] Se desconoce la fecha de inicio de estos programas (que involucran a AOL, Apple, Facebook, Google, Microsoft, Pal Talk, Skype, Yahoo y Youtube), posibilitando un acceso, sin autorización, a las bases de datos mediante la recolección directa de datos o bien recopilando la comunicación; en fin, captar todo lo que pasa por internet, indicaba Snowden; https://www.sec2crime.com/2021/05/14/que-era-el-programa-prism-de-la-nsa-y-co mo-se-filtro/. 

[47] Pascual Albanese. “La guerra de los cielos”. Diario El Tribuno, edición 15 de julio 2022. Disponible en https:// www.eltribuno.com/salta/nota/2022-7-15-0-0-0-la-guerra-de-los-cielos

[48] Básicamente el convenio dura 50 años, pudiendo denunciarlo cualquiera de las partes con cinco años de preaviso. Argentina cede en comodato un predio de 200 has para funcionamiento de la base, exime de gravámenes al gobierno chino, que a su vez nos libera de responsabilidad por los daños que las actividades generen. Todas las actividades que allí realizadas se desarrollarán conforme a las leyes argentinas. Disponible en https://tn.com.ar/politica/2022/03/27/la-base-espacial-china-en-neuquen-la-argentina-estudia-planetas-pero -hay-dudas-sobre-su-uso-militar/.

[49] DW “Estados Unidos declara a Huawei una amenaza para su seguridad”. Disponible en https://www.dw. com/es/ee uu-declara-a-huawei-una-amenaza-para-su-seguridad/a-56860457. 

[50] Recuperado de https://www.sabermas.umich.mx/archivo/tecnologia/150-numero-1957/301-drones-tecnolo gia-a-control-remoto.html

[51] Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/ASA#I_Cumbre_ASA. También en https://www.saberesafrica nos.net/noticias/opinion/editor/5010-que-fue-de-las-cumbres-asa-y-aspa.html.

[52] Se aprobó con 124 votos a favor y ocho abstenciones; el de Estados Unidos fue el único voto en contra. La Resolución encaraba cuatro temáticas principales: desarrollo socio-económico, medio ambiente, paz y seguridad, emancipación de Sudáfrica y sus territorios coloniales (Reyes, marzo-abril 2021). Disponible en https://documents-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/501/61/IMG/NR050161.pdf?OpenElement.

[53] Nombre de la ciudad sudafricana donde se adoptó el texto.

[54] Las flotas fluviales de Bolivia y Paraguay superan en tonelaje a nuestra Marina Mercante. Disponible en http://www.asamar.org.py/es/en-la-hidrovia-operan-3-445-embarcaciones-de-bandera-paraguaya-la-mayor-flota-fluvial-de-sudamerica-n421#:~:text=Paraguay%20cuenta%20con%20la%20tercera,mayor%20flota%20fluvial% 20de%20sudamerica. También ver https://www.infobae.com/economia/2021/10/24/increible-pero-real-las-flotas-de-para guay-y-bolivia-superan-en-tonelaje-a-la-marina-mercante-argentina/.

[55] Ver https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/la-cancilleria-realiza-gestiones-para-ampliar-la-nave gabilidad-del-rio-uruguay-y.

[56] Para ampliar, véase “Acuíferos transfronterizos de América del Sur” en https://aquabook.irrigacion.gov. ar/414 _0.

[57] Lula visitó 17 países y recibió 16 presidentes africanos. Angola y Nigeria son principales socios de Petrobras, y sus negocios abarcan varios rubros en la costa occidental africana. 

[58] Disponible en https://dialogo-americas.com/es/articles/brazilian-navy-adapts-better-face-new-threats.

[59] Empresarios de Mar del Plata criticaron la propuesta de reactivar el astillero de Comodoro Rivadavia como base de la flota China que pesca en la milla 201. Disponible en https://revistapuerto.com.ar/2021/03/seria-el-principio-del-fin-para-la-flota-potera-nacional/.

[60] Las leyes nº 26.875/2013 de Creación del Área Protegida Namuncurá – Banco Burdwood y del Proyecto Pampa Azul nº 27.037/2014 Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas y nº 27.490/2018 incorporación del Banco Namuncurá-Banco Burdwood II y Yaganes, determinaron sus tres categorías: Reserva Nacional Marina, Parque Nacional Marino y Reserva Nacional Marina Estricta.

[61] En sus proximidades fue hundido, el 2 de mayo de 1982, el Crucero ARA General Belgrano, y en noviembre de 2001 -por ley nº 25.546- el sitio fue declarado “Lugar Histórico Nacional y Tumba de Guerra”, incorporándose el dato en cartas náuticas y mapas.

[62] Fue categorizada como Reserva Nacional Marina Estricta, en un área de 148.000 km² de nuestra plataforma continental más allá de las 200 millas marina. Disponible en https://www.nuestromar.org/desta cadas/el-area-marina-protegida-agujero-azul-es-un-atentado-a-la-produccion-y-a-la-soberania-argentina-y-no-elimina-la-pesca-ilegal-extranjera-cesar-lerena/. También https://www.nuestromar.org/destacadas/la-inconvenie nte-area-marina-protegida-bentonica-agujero-azul-cesar-lerena/.

[63] Ver https://www.unep.org/node/21324.

[64] Disponible en https://www.abc.es/natural/biodiversidad/abci-proteccion-georgias-sandwich-201202280000 _ noticia.html#:~:text=Reino%20Unido%20ha%20declarado%20%C3%81rea,infor.

[65] Ver https://ecoinventos.com/tristan-da-cunha-amp/.

[66] Existen agrupamientos como la Red de Áreas Marinas Protegidas de América del Norte (NAMPAN), la Comisión de Áreas Protegidas de las Islas del Pacífico y la Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CRVMA), integradas por equipos interdisciplinarios y agencias nacionales que atienden cuestiones medio ambientales y recursos naturales.

[68] Un Anexo V sobre Protección y gestión de zonas fue adoptado por la XVI Reunión Consultiva -RCTA- (Bonn, 1998) y entró en vigor en 2002; el Anexo VI, que aun no entró en vigor, sobre Responsabilidad derivada de emergencias medioambientales fue adoptado en la XXVIII RCTA (Estocolmo, 2005). El Protocolo también estableció un Comité de expertos para la Protección del Medio Ambiente, que asesorará y formulará recomendaciones a las RCTA. Para ampliar ver página oficial de la Secretaría TA https:// www.ats.aq/s/ protocol.html.

[69] Información disponible en https://dialogochino.net/es/comercio-y-inversiones-es/29092-proyecto-de-puerto -chino-se-frena-en-uruguay/

 

[70] G.E. Barbarán. “De Washington a Cornualles”. Diario El Tribuno, 07/11/2021. Salta. Disponible en https://www.eltribuno.com/salta/nota/2021-11-7-0-0-0-mundo-global-de-washington-a-cornualles.

[71] Datos disponibles en https://www.escenariomundial.com/equipo-editorial/ y en https://www.bancomun dial.org/es/news/feature/2016/06/22/desigualdad-las-diferencias-entre-ricos-y-pobres-no-son-solo-de-dinero.

[72] Se estima que, para 2050, las diez naciones más pobladas serán India, China, Estados Unidos, Nigeria, Indonesia, Pakistán, Brasil, Bangladesh, Rep. del Congo, Etiopía, en ese orden. Sigue un grupo integrado por Egipto, México, Rusia, Japón y Alemania, que también tienen o superarán los 100 millones de habitantes.

[73] Acordado en noviembre de 2021 luego de una cumbre del G 7 en un pueblo costero de ese condado inglés. Disponible en https://www.anred.org/2021/11/01/del-consenso-de-washington-al-consenso-de-cornwall/. Reconocidos economistas participaron en el Panel de Resiliencia Económica del G 7. La propuesta se reflejó en el Informe 2021 de la OMC, disponible en https://www.wto.org/spanish/res_s/ booksp_s/wtr21_s/05_wtr21 _s.pdf.

[74] El Tratado de Paz de 1984 propicia nuestra integración: tenemos un acuerdo minero, cooperamos en la península antártica, apoyamos corredores bioceánicos para unir Atlántico y Pacífico y sostenemos un comercio que debiera ser más intenso y fluido. 

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