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XXIX Congreso Argentino de Derecho Internacional

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XXIX Congreso Argentino de Derecho Internacional
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XXIX Congreso Argentino de Derecho Internacional

ABSTRACT RELATO SECCIÓN RRII – CONGRESO AADI MENDOZA 2017

Los actores no estatales en la comunidad internacional

Fernando Oltra Santa Cruz

Tal como lo recuerda el profesor Pastor Ridruejo en la última editorial de la Revista Española de Derecho Internacional, “las luces y las sombras en el Derecho internacional han sido y siguen siendo tan abundantes que su tratamiento y análisis podrían dar lugar a un trabajo muy largo y complejo.”1 Así, el reconocido catedrático español continúa motivándonos a pensar y debatir este derecho internacional del siglo XXI. Por ello, dentro de ese trabajo complejo procuraré aquí ocuparme de la cuestión de los “sujetos” que dentro del Derecho Internacional, siempre ha sido motivo de estudio y debate, especialmente con los cambios producidos en la comunidad internacional ante el surgimiento de las Organizaciones Internacionales.

Luego, mientras se arraigaban esos nuevos sujetos creados por los estados, el debate se amplió al individuo que, principalmente con la consolidación de distintos sistemas de protección de derechos humanos, comenzó a actuar por sí mismo en la órbita internacional.

En la actualidad el debate es aún mayor y por eso, incluso en el Derecho Internacional se ha comenzado a utilizar el término actores, muchas veces en reemplazo del tradicional uso del vocablo “sujetos”, que quizás es más preciso, por cuanto reduce el campo de análisis a aquellos que tienen capacidad para actuar en base a la normativa internacional.

Sin embargo, este tópico resulta arduamente complicado en nuestros días, por cuanto son muy variados los actores que actúan en la comunidad internacional, que sobrepasan en mucho la catalogación clásica que solíamos hacer al hablar de los “sujetos del derecho internacional”. También es cierto que el uso de estos diferentes términos encuentra su origen en la distinción entre el estudio de las relaciones internacionales y el derecho internacional propiamente dicho. No obstante, aprecio que esta división tan tajante entre términos y disciplinas esta hoy superada por la vorágine de los profundos cambios que con marcada celeridad operan en el escenario internacional.

Por otra parte, si bien esta cuestión ha variado en las últimas décadas, podemos afirmar que en algunos casos, también encontramos ejemplos históricos de actores que intervinieron en la esfera internacional sin ser un estado, como es el caso de la Iglesia Católica que trataremos luego. En ese ejemplo se visualiza claramente que existen otros factores a tener en cuenta al analizar la actuación de un auténtico sujeto del derecho internacional, que sobrepasan las típicas normas de estatalidad.

Como lo señala la doctrina, los actores no estatales son considerados como de reciente participación en el sistema internacional como por ejemplo el caso de las ONG que surgen con mayor fuerza en la década del ochenta, pero algunas ya existían desde mucho antes. Asimismo, encontramos también a las empresas transnacionales, con un origen incluso anterior, pues se desarrollaron desde el siglo XIX. Claro que estos actores no fueron

inicialmente visibilizados pues aún era muy fuerte la tendencia a considerar a los Estados como casi únicos artífices de las relaciones internacionales.

A partir de la clásica pregunta, referida a quienes son los que ejercen influencia suficiente como para ser considerados actores de la comunidad internacional, podemos avanzar en un camino de análisis auténticamente realista, a los fines de determinar el alcance de la ampliación de los sujetos ya mencionada.

Así, luego de considerar superada la etapa donde se pensaba al estado como único actor o como el actor por excelencia, surgieron las organizaciones internacionales que fueron aceptadas ampliamente, quizás por ser justamente creación de los mismos estados. Por ello, como lo refiere Garcia Segura, las ampliaciones del concepto de actor se han tenido que enfrentar con la visión estatocentrica. En verdad, a partir de la segunda guerra mundial la escena internacional ha verificado una multiplicación y diversificación de los actores que intervienen en ella.

Desde la doctrina se criticó al realismo por su incapacidad para analizar e interpretar justamente ese contexto internacional tan cambiante. Con esa perspectiva, algunos sostuvieron una visión “trasnacional” mientras que otros añadieron una ampliación hacia las entidades subestatales.

En este análisis, se intenta describir una comunidad internacional más allá de los estados, con la actuación de las organizaciones internacionales (calificadas también como “gubernamentales”) y el individuo. Pero además vislumbrando el accionar internacional de otros actores, como ser la Iglesia Católica (con independencia de su carácter actual de “estado del Vaticano”), las “ONG” internacionales, las Empresas transnacionales y las Empresas Militares de Seguridad Privada. En este breve estudio se procura concluir estableciendo una aproximación a ciertos criterios que puedan ayudar para definir el concepto de actor internacional.


  RELATO SECCION RRII – CONGRESO AADI MENDOZA 2017

Los actores no estatales en la comunidad internacional. 

 

Fernando Oltra Santa Cruz ( Abogado (UBA) Profesor a cargo de la Cátedra de Derecho Internacional Público (Universidad nacional de la Matanza, Universidad Católica de Santa Fe  )

I.- Introducción: II.- Una comunidad internacional más allá de los estados: las organizaciones internacionales y el individuo.a.Las organizaciones internacionales b.-  Las personas.  III.- Una comunidad internacional más allá de los estados, de las organizaciones internacionales y del individuo: los llamados “nuevos actores”.a.- Introducción. La crisis del Estado y los “nuevos actores”  b.-  los “nuevos actores”:  Las ONG internacionales c.- Un actor especial: el caso de la Iglesia Católica, sujeto del Derecho Internacional. IV.- Conclusiones

 

I.- Introducción:

Tal como lo recuerda el profesor Pastor Ridruejo en la última editorial de la Revista Española de Derecho Internacional, “las luces y las sombras en el Derecho internacional han sido y siguen siendo tan abundantes que su tratamiento y análisis podrían dar lugar a un trabajo muy largo y complejo.”[1] Así, el reconocido catedrático español continúa motivándonos a pensar y debatir este Derecho Internacional del siglo XXI.  Por ello, dentro de ese trabajo complejo procuraré aquí ocuparme de la cuestión de los “sujetos”/”actores”, que dentro del Derecho Internacional, siempre ha sido motivo de estudio y debate, especialmente con los cambios producidos en la comunidad internacional ante el surgimiento de las Organizaciones Internacionales.

 Luego, mientras se arraigaban esos nuevos sujetos creados por los estados, el debate se amplió al individuo que, inicialmente con la consolidación de distintos sistemas de protección de derechos humanos, comenzó a actuar por sí mismo en la órbita internacional.

En la actualidad la discusión es aún mayor y por eso, incluso en el Derecho Internacional se ha comenzado a utilizar el término “actores”, muchas veces en reemplazo del tradicional uso del vocablo “sujetos”, que quizás es más preciso, por cuanto reduce el campo de análisis a aquellos que tienen capacidad para actuar en base a la normativa internacional[2]. Sin embargo, este tópico resulta arduamente complicado en nuestros días, por cuanto son muy variados los actores que actúan en la comunidad internacional, que sobrepasan en  mucho la catalogación clásica que solíamos hacer al hablar de los “sujetos del derecho internacional”.

 También es cierto que el uso de estos diferentes términos encuentra su origen en la distinción entre el estudio de las relaciones internacionales y el Derecho Internacional propiamente dicho. No obstante, aprecio que esta división tan tajante entre términos y disciplinas esta hoy superada por la vorágine de los profundos cambios que con marcada celeridad operan en el escenario internacional; aunque como se verá luego no puede otorgarse la categoría de sujetos a todos los actores internacionales

Por otra parte, si bien esta cuestión  ha variado en las últimas décadas, podemos afirmar que en algunos casos, también encontramos ejemplos históricos de actores que intervinieron en la esfera internacional sin ser un estado, como es el caso de la Iglesia Católica que trataremos  aquí. En ese ejemplo se visualiza claramente que existen otros factores a tener en cuenta al analizar la actuación de un auténtico sujeto del derecho internacional, que sobrepasan las típicas normas de estatalidad.

Como lo señala la doctrina, los actores no estatales son considerados como  de reciente participación en el sistema internacional, como por ejemplo el caso de las Organizaciones No Gubernamentales, que surgen con mayor fuerza en la década del ochenta, pero algunas ya existían desde mucho antes. Asimismo, desde  otro ángulo de actuación en cuanto a sus fines, encontramos también a las empresas transnacionales que influyen considerablemente en lo internacional. Claro que estos actores no fueron inicialmente visibilizados, ya que hasta hace unas décadas atrás aún era muy fuerte la tendencia a considerar a los Estados como casi únicos artífices de las relaciones internacionales. [3]

A partir de la  clásica pregunta, referida a quienes son los que ejercen influencia suficiente como para ser considerados actores de la comunidad internacional, podemos avanzar en un camino de análisis auténticamente objetivo, a los fines de determinar el  eventual alcance de la ampliación de los sujetos ya mencionada. Marcel Merle, desde una concepción sociológica sostenía que podía ser considerado como un actor internacional toda autoridad, todo organismo, grupo o incluso toda persona capaz de desempeñar una función en la escena internacional.[4]

Así, luego de superada la etapa donde se pensaba al estado como único actor o como el actor por excelencia, surgieron las organizaciones internacionales que fueron aceptadas ampliamente, quizás por ser justamente creación de los mismos estados. Por ello, como lo refiere Garcia Segura, las extensiones del concepto de actor se han tenido que enfrentar con la visión estatocentrica[5].Sin embargo, a partir de la Segunda Guerra Mundial la escena internacional ha verificado una multiplicación y diversificación de los actores que intervienen en ella, que ya es difícil de refutar. Por ello, desde cierta  doctrina de las relaciones internacionales se criticó a la corriente del realismo por su incapacidad para analizar e interpretar justamente ese contexto internacional tan cambiante. Con esa perspectiva, algunos sostuvieron una visión “trasnacional” mientras que otros añadieron una ampliación hacia las entidades subestatales[6].

Aquí, en este breve  análisis, se intentará describir una comunidad internacional más allá de los estados, con la actuación de las organizaciones internacionales (calificadas también como “gubernamentales”) y el individuo. Pero además vislumbrando el accionar internacional de otros actores, como ser la Iglesia Católica (con independencia de su carácter actual de “estado del Vaticano”), las “ONG” internacionales, las Empresas transnacionales y las Empresas Militares de Seguridad  Privada. 

 

II.- Una comunidad internacional más allá de los estados: las organizaciones internacionales y el individuo.

a.     Las organizaciones internacionales

           Si bien podemos encontrar algunos ejemplos históricos más lejanos, fue principalmente desde fin de del siglo XIX, con la aparición de organismos interestatales, que el mundo presenció el nacimiento de estos nuevos sujetos. Luego, su número se incrementó notoriamente luego de la 2da. Guerra Mundial.  Así,  Carrillo Salcedo señalaba que esta proliferación de organizaciones  “constituye una de las notas más características de las relaciones internacionales contemporáneas. Las Organizaciones Internacionales, en efecto, expresan uno de los hechos políticos más relevantes de la comunidad internacional de nuestro tiempo en tanto que cauces para la diplomacia multilateral y la acción colectiva de los Estados ya que, consideradas en su conjunto, encuadran prácticamente casi todos los sectores de la vida internacional y han facilitado la participación de los pequeños y medianos Estados en las relaciones internacionales.”[7]

Se trata entonces de una suerte de asociación voluntaria, establecida por un acuerdo entre estados y formada por órganos propios, distintos a los estados y con carácter permanente, con una autonomía jurídica diferente a la de los estados. Consecuentemente pueden expresar también una voluntad diversa a la de los estados que le dieron vida.

Las organizaciones internacionales nacen ante la necesidad de satisfacer intereses colectivos de cooperación internacional que los estados no pueden hacer de manera aislada. Como lo recuerda Sobrino Heredia,  “irrumpen así, a comienzos del siglo XIX en la escena internacional las primeras Organizaciones Internacionales que, rudimentarias y principalmente técnicas en un principio van a ir luego, a lo largo del siglo XX, afirmándose y proliferando de tal modo que su número actual (existen aproximadamente 350 organizaciones) es muy superior al de los propios estados…”[8]

Merle observa que las Organizaciones internacionales constituyeron un refugio y protección para los “estados pequeños” que frecuentemente obtienen mayor legitimidad y capacidad por su participación en las Organizaciones internacionales.[9]

Sin perjuicio de ello, conviene recordar que las atribuciones de estos actores están limitadas por el objeto de su creación, determinado en los tratados que le dan nacimiento. Y que justamente son los mismos estados quienes fijan sus funciones. Se entiende así, que la capacidad de las organizaciones internacionales va a estar vinculada al principio de especialidad. Como lo señaló en 1996 la Corte Internacional en la Opinión consultiva sobre el empleo de armas nucleares, las Organizaciones Internacionales están dotadas por los Estados que las crean de competencias de atribución cuyos límites dependen de los intereses comunes cuya promoción esos Estados les han encomendado.

En este sentido, la doctrina suele definir a la subjetividad de las organizaciones internacionales, como “funcional”, en concordancia con la ya expuesta limitación de su accionar, que se determina en el tratado constitutivo respectivo.[10]

 

b.-  Las personas. 

 La constante evolución del Derecho Internacional permitió un cambio profundo en este campo, al considerar a los individuos como sujetos de la comunidad internacional. Desde un punto de vista estrictamente jurídico ello se debe a la existencia de normas internacionales que regulan directamente su conducta, tanto sea para reconocerles derechos que pueden ser reclamados en la esfera internacional, como para tipificar penalmente conductas que podrían ser juzgadas por un tribunal penal internacional.

 Actualmente, la titularidad jurídica internacional del ser humano, es una realidad que puede constatarse en forma clara en el ordenamiento internacional. Así, en el ámbito del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, tanto en el sistema europeo como en el interamericano de protección hoy se reconoce sin lugar a dudas la capacidad procesal internacional de los individuos.

Por otra parte en una faz pasiva, las personas pueden ser sometidas a una jurisdicción internacional, como es el caso de la Corte Penal Internacional, que  juzga a individuos acusados de crímenes de importante gravedad: delitos de genocidio, lesa humanidad, crímenes de guerra y agresión.

En alusión a esta ampliación de la subjetividad internacional, el jurista brasileño Antonio Cançado Trindade ha sostenido que el reconocimiento de los individuos como sujetos, “representa una verdadera revolución jurídica, a la cual tenemos que contribuir”. Añade también que se trata de capacitar a cada ser humano para que sepa sus derechos plenamente y pueda así “enfrentar por sí mismo a la opresión y las injusticias del orden establecido…” puesto que esta “revolución jurídica viene, en fin, a dar un contenido ético a las normas tanto del derecho público interno como del Derecho Internacional”[11]

 En varios de sus votos como juez de la Corte Interamericana de DDHH, Cancado Trindade también expresó que “El Derecho innegablemente ha evolucionado, en su trayectoria histórica, al abarcar nuevos valores, al jurisdiccionalizar la justicia social, y al extender protección a grupos sociales o colectividades humanas, salvaguardando, en realidad, no dichos grupos per se, sino más bien los individuos que los componen”[12]

 

III.- Una comunidad internacional más allá de los estados, de las organizaciones internacionales y del individuo: los llamados “nuevos actores”.

 

a.- Introducción. La crisis del Estado y los “nuevos actores”

            La crisis del estado tiene una estrecha relación con el surgimiento de otros nuevos actores no estatales, más allá de los ya descriptos en el punto anterior.

 Sabino Cassese analiza la crisis del estado y la vincula con la existencia de poderes más allá del mismo. Así, describe una realidad que vemos cotidianamente: “Una organización militar mutinacional interviene en un conflicto étnico interno de un estado. Un tribunal de Naciones Unidas juzga y condena a personas responsables de crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en el interior de sus países. Una corte inglesa considera que el ex jefe de un estado extranjero puede ser extraditado y sometido al juicio de una corte española por delitos contra la humanidad cometidos en su país. Una empresa francesa se dirige a la unión europea para asegurarse que las autoridades italianas le den una licencia de telecomunicaciones. Estos y otros ejemplos demuestran que el mundo, hasta el siglo XIX poblado de estados, está ahora colmado de ordenamientos ultraestatales y que los estados han perdido aquella exclusividad que les era propia…”[13]

De esta manera, puede afirmarse que la crisis del estado se da con una pérdida de su soberanía y que esto se plantea en dos planos diferentes, uno externo y otro interno.

  En lo referente al ámbito interior, en muchos casos el estado no ejerce un control sobre la totalidad de su territorio y el fenómeno de los movimientos políticos genera un desafío importantísimo al monopolio de la coacción que ostentaba el estado como una de sus características más típicas[14].  

En cuanto al plano externo, la constante cesión de soberanía se da principalmente en los procesos de integración regional y también en la incorporación de los estados a los organismos de vocación universal. Jessica Mathews afirmaba que: «El fin de la guerra fría no ha traído únicamente ajustes entre los Estados, sino una novedosa redistribución del poder entre los Estados, los mercados y la sociedad civil. Los gobiernos nacionales no sólo pierden autonomía en una economía  que se globaliza, sino que comparten los poderes –incluidas las funciones políticas, sociales y de seguridad, que constituyen los elementos básicos de su soberanía–,con empresas, organizaciones internacionales y una multitud de grupos ciudadanos, conocidos como organizaciones no gubernamentales (ONG). La progresiva concentración de poder en manos de los estados, iniciada en 1648 con la Paz de Westfalia, ha terminado, al menos por el momento.”[15] 

En las relaciones internacionales, la esencia de ese poder mencionado se relaciona íntimamente con la idea de fuerza, de la posibilidad de poseer una capacidad tal como para imponer la propia voluntad sobre los otros. Como lo recuerda Diez de Urdanivia Fernandez, “en el estado, esa capacidad-que desde Bodin se conoce como soberanía-entraña la posibilidad instrumental de hacer valer coactivamente los mandatos legítimos que los órganos del estado emiten para conducir a la comunidad por él comprendida, por el rumbo que ella misma decide, conforme lo establece el propio orden jurídico…”[16]. Luego, añade en lo que aquí nos interesa, siguiendo a Drucker: “el quid de la cuestión para el estado en la Era Postcontemporánea no es tanto qué debe hacer, sino si puede hacerlo, dice él; lo que a mi juicio procede es definir qué debe hacer para cumplir con su cometido, para después dilucidar si es que, frente a las condiciones de hoy puede hacerlo…[17]. Este autor mexicano, en su interesante obra sobre el estado en el contexto global, cita también a Suñé quien vincula a la crisis del estado con la crisis de la soberanía, y que avizora una crisis estructural profunda del poder de los estados.

Sin embargo no todos coinciden en esa descripción de la pérdida del poder estatal y menos aún en la elección de la mejor salida ante estos cambios de estructuras internacionales. Messner sostiene que  no hay ningún consenso en la discusión sobre el futuro del Estado y de la política, ni sobre la mejor estrategia para la configuración política de los diferentes procesos de globalización[18]. Dicho autor analiza y encuadra las distintas, posturas en cuatro vertientes: desde los que auguran el fin del estado hasta quienes sostienen que a falta de alternativas viables y en vista de la debilidad de las estructuras supranacionales, el Estado sigue siendo el lugar central de la política. Asi, Messner avizora que “Los proyectos de integración regional ganarán importancia en todo el mundo y asumirán tareas que hasta ahora se adjudicaban a los Estados o a la ONU. La arquitectura de la gobernabilidad global debe construirse sobre «núcleos regionales» eficientes”. Más en relación con el tema de este relato, afirma que “Simultáneamente los niveles locales y regionales ganan significación dentro de la nación y los actores no estatales asumen funciones que hasta ahora se adjudicaban al Estado. En muchas áreas políticas el Estado debe trabajar con grupos de la sociedad (como asociaciones sociales, cámaras, sindicatos, científicos) con el fin de desarrollar estrategias comunes para la solución de problemas, porque el conocimiento sobre las conexiones para la acción, así como las capacidades de implementación y de control, están sumamente diseminados. Surgen los contornos de una sociedad en red en la que el Estado nacional cumple funciones de articulación e integración hacia adentro y hacia afuera, y en el que también las instituciones no estatales y las empresas privadas deben asumir la responsabilidad por el desarrollo estatal, cuando haya que aminorar y resolver conflictos y crisis”.[19](el destacado no está en el original).

En concordancia, esta crisis estatal  se da  también ante el notorio incremento de los poderes públicos internacionales. En efecto, si bien es en la segunda mitad del siglo XX donde se inicia este proceso, a fines del mismo siglo se robustece el poder de  los organismos internacionales con tareas que conllevan poderes de regulación más significativos para la comunidad internacional. Cassese cita como ejemplo a la Organización Mundial del Comercio,  con su poder regulatorio en materia de derechos aduaneros, de subvenciones para la industria, los servicios o la agricultura por ejemplo. Así la OMC dicta decisiones interpretativas de normas estatutarias y decide en cuanto a controversias aplicativas[20].

En lo referente a la influencia que esos poderes públicos supranacionales tienen sobre los estados, podemos mencionar varias consecuencias. La primera es que el accionar soberano de los estados es condicionado por instituciones superiores que establecen determinados estándares o criterios ya impuestos por el ámbito internacional. De esta manera los órganos internos de un estado deben cumplir también con el derecho que se origina fuera del propio estado[21].  

En segundo término los estados pierden “ la exclusividad de sus funciones, debiendo compartirlas con otros organismos. La circunstancia de que esto suceda con la colaboración de los estados mismos, como resultado de su autolimitación, no disminuye la importancia de la pérdida[22]

Finalmente, otra consecuencia es la que le da a los órganos estatales el carácter de organismos de ejecución de decisiones de entidades supranacionales distintas a las del estado del que forman parte.[23]  

A su vez, también puede añadirse como un tópico interesante para tener en cuenta, los novedosos cambios acaecidos en torno a las contrataciones públicas, ámbito típico de las funciones estatales exclusivas. En un interesante artículo titulado “La trasformación del Estado en un nicho de mercados: disciplinas globales de la contratación pública”, Zapatero sostiene que el apogeo  de las políticas de libre mercado, impulsa a escala global la liberalización progresiva de múltiples ámbitos de la vida en sociedad: “Los Estados se encuentran inmersos, hoy en día, en un proceso de apertura de sus economías a la competencia internacional por medio de un conjunto cada vez más complejo de instrumentos regulatorios. Las normas internacionales que hacen posible este proceso limitan de forma progresiva las herramientas y objetivos de las políticas públicas en diversos campos; la contratación pública es uno de ellos”.[24]

            En definitiva, puede afirmarse sin ambages que el estado como actor internacional no es el mismo que el del siglo XIX, pero tampoco es el mismo que el que vivió casi todo el siglo XX.  Seguidamente veremos estos nuevos actores que han aparecido en la escena internacional no sólo erosionando la capacidad del estado, sino muchas veces substituyéndolo en su inacción.

  Sin embargo debemos precisar que si bien la temática tiene ahora nuevos enfoques, no es algo tan novedoso. Esther Barbe, hace unas décadas, ya señalaba: “el tema de los actores internacionales ha conocido un desarrollo teórico importante, vinculado a la creciente complejidad del sistema internacional. Así, los años setenta y ochenta fueron el escenario de numerosos trabajos sobre la crisis del estado como actor internacional en un mundo cada vez mas transnacional y más interdependiente. Crisis provocada por el desafío de múltiples actores públicos y privados -firmas multinacionales, organizaciones supranacionales, unidades políticas subestatales, etc.- que llevaron a los teóricos a centrar su interés en los fenómenos de integración y globalismo en terrenos técnico-económicos, en detrimento de la función político-militar(propia de los estados). Sin embargo, la sociedad internacional de los años noventa está viviendo, tras el fin de la guerra fria, la reaparición de tendencias fragmentadoras  nacionalismos, particularismos étnicos y religiosos, etc.) que refuerzan la lógica estatal y que han venido a unirse a la lógica transnacional dominante.”[25].

En concordancia con Garcia Segura, podemos concluir que ya no se trata de cuestionar el protagonismo del estado, sino de afirmar la presencia de los llamados “nuevos actores”[26]

 

  b.-  los “nuevos actores”:  Las ONG internacionales

Si bien las llamadas Organizaciones Internacionales No Gubernamentales han tomado mayor significación para los estudios internacionales en forma reciente, su existencia no es tan nueva. Pero sin efectuar aquí un pormenorizado estudio de sus orígenes, vale destacar que muchos autores las vinculan  con los movimientos y asociaciones religiosas. Así, en el estudio realizado por Enriqueta Serrano,  menciona diferentes autores que señalan distintas organizaciones como las primeras ong internacionales: Lissner reconoce a las “hermanas de la Congregacion de Notre Dame” fundada en Montreal en 1653, Stocic menciona a la British an foreing Anti slavery Society (1893) mientras que otros autores reconocen a la “alianza Evangélica Universal” creada en 1846 o a la Alianza Mundial de Asociaciones cristianas de jóvenes” de 1855 como las primeras Organizaciones Internacionales No Gubernamentales.

 Esta falta de consenso, como bien lo destaca Serrano, se debe “al hecho de que el termino ONG se aplica realidades diversas, lo que plantea evidentes problemas a la hora de identificar el origen de las ong internacionales, y la definición de las mismas[27]

            No obstante esa falta de anuencia doctrinaria, en una aproximación a un concepto de las ONG internacionales, Calduch-siguiendo a Merle-las define como “Todo grupo, asociación o movimiento constituido de forma duradera por particulares pertenecientes a diferentes países, con la finalidad de alcanzar objetivos no lucrativos”[28]. Se trata de un concepto  a mi juicio bastante amplio, pero que nos permite determinar al menos los elementos esenciales: internacionalidad, estructuración orgánica permanente, funcionalidad y relevancia jurídica. A ellos, habría que añadir luego el principio característico de exclusión de los actores estatales, que hace a la membresía privada (o no exclusivamente estatal).Por otra parte, quizás como una paradoja es dable destacar que en contraposición a ello, las ong se constituyen en base a la normativa interna de los estados.[29]

            Sin perjuicio de ello, Calduch  sostiene que “aun cuando las ONG por hallarse reguladas por el derecho nacional carecen de una plena subjetividad y capacidad jurídicas en el plano internacional, y por tanto no pueden ser equiparadas, desde esta perspectiva, con los estados y las OIG, tampoco cabe desconocer la realidad de que su marco de actividades rebasa ampliamente los límites jurídicos y políticos de un determinado país, es decir, que su actuación se desarrolla en el plano internacional, y por consiguiente, el Derecho Internacional Público ha ido generando de forma paulatina una serie de normas reguladoras de algunas de sus actividades o de sus efectos…[30].

            A la ausencia de una conceptualización normativa, debe añadirse la gran riqueza de matices que representa la realidad de la ONG, acentuado ello en últimos años, como bien lo destaca  Sonia Güell Peris[31]. Dicha profesora añade que en la búsqueda de una definición de ONG debe además tenerse en cuenta que, desde un punto de vista práctico, existe una gran variedad de vestiduras jurídicas en las que se estructuran. Ello muestra un escenario de actores con características propias de una ONG, pero designadas en virtud de términos distintos tales como asociaciones, organizaciones benéficas, fundaciones, corporaciones sin ánimo de lucro, sociedades e instituciones fiduciarias; incluso, “como reconoció el propio Comité de Ministros del Consejo de Europa, la denominación de una entidad particular como «pública» o «para-administrativa» no debería impedir que fuera tratada como una ONG si es un reflejo exacto de sus características esenciales”[32]

La cuestión medular que cabe debatir es, previo a verificar la trascendencia de su condición ya aceptada de actor en las relaciones internacionales, sí puede dársele también la categoría de sujeto internacional. Antes de avanzar en una eventual respuesta, conviene analizar un poco más la actuación de estos nuevos actores.

            Las ONG operan como verdaderos actores de cambio de la estructura internacional a través de una influencia ejercida tanto en los estados como en su actuación en las mismas Organizaciones Internacionales. Bien vale recordar que su accionar es receptado por la misma Carta de las Naciones Unidas, en su artículo 71.

Allí faculta al Consejo Económico y Social para realizar los arreglos adecuados con objeto de hacer  consultas con las ONG[33]. En virtud de dicho artículo, poco tiempo después de la creación de la ONU, más de cuarenta organizaciones no gubernamentales fueron reconocidas como entidades consultivas por el Consejo. En 1992 más de setecientas organizaciones no gubernamentales habían logrado recibir reconocimiento como entidad de carácter consultivo general[34]. El número ha ido aumentando constantemente hasta  sumar en la actualidad más de tres mil ONGs con carácter consultivo. El ECOSOC estableció una triple lista de categorías para las ONG  de acuerdo a sus respectivas competencias y valorando especialmente la distinta importancia de las mismas en las actividades económicas y sociales que desempeñan a escala internacional

             Más allá del ejemplo de recepción  de las ONG en la carta de la ONU y en el ámbito del ECOSOC, las Organizaciones Internacionales No Gubernamentales se desenvuelven en un ámbito más amplio, pues en verdad, actúan como auténticos  grupos de presión internacional.  Messner nos muestra un caso : Un ejemplo interesante de nuevas formas de política global son las negociaciones internacionales para la prohibición de las minas antipersonales. En esencia el proceso de negociación fue impulsado por ONGs norteamericanas que hicieron una campaña internacional para que la opinión pública mundial se interesara en el tema. En un primer momento, gobiernos importantes (p. ej., EEUU y Rusia) no suscribieron el documento concluido a fines de1997, en el marco de negociaciones a nivel gubernamental, en el que se establecía la prohibición de las minas. El otorgamiento del premio Nobel de la Paz a los impulsores de la campaña privada contra las minas incrementó la legitimidad de las ONGs y su influencia política. Al tiempo, Clinton y Yeltsin se vieron en la necesidad de declarar que reconsiderarían sus decisiones. Eso no garantizaba el éxito del proceso, pero marcó una nueva clase de política en la sociedad mundial”.[35]  

            Un caso paradigmático en cuanto al rol de las ONg, fue su destacada  influencia en la creación de la corte Penal Internacional . Es más, en ese caso se formó una “Coalicion” de Organizaciones No Gubernamentales. Dicha  Coalición lideró las iniciativas de la sociedad civil que promovieron exitosamente la adopción del Estatuto de Roma en 1998.

La Coalición, al explicar su historia en su página web, refiere que trabajaron especialmente durante esos años para asegurar que “los Estados negociaran: Un tratado fuerte con disposiciones capaces de asegurar una Corte independiente de las Naciones Unidas; Magistrados independientes y un Fiscal independiente; Que no exista inmunidad para los presidentes, generales u otros funcionarios gubernamentales; Derechos fuertes para la defensa y juicios justos; Que las víctimas sean capaces de participar en los procedimientos y recibir reparaciones.”

Actualmente La Coalición por la CPI es una red global de la sociedad civil que reúne a más de 2.500 organizaciones en 150 países.  Reconocen su inicio en 1995 cuando un grupo de más de veinte organizaciones de Derechos Humanos iniciaron un trabajo de promoción para la creación de una Corte Penal internacional, con carácter permanente, capaz de llevar ante la justicia a responsables de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. Durante el proceso de gestación de la Corte, la Coalición estableció  estrechos vínculos  de trabajo con las delegaciones de los estados, organizando instrucciones para los participantes en la Conferencia y publicando  informes y estudios sobre distintos tópicos vinculados a la materia. Ese aporte fue trascendental para el mismo trabajo de la Conferencia y para lograr el éxito final de las negociaciones.

Pues bien, retomando el análisis de las ong como actores dentro de la comunidad internacional, aprecio que su importancia en tal sentido no puede ser minusvalorada. Sin embargo, no se encuentra un sustento normativo suficiente que permita reconocerlas como auténticos “sujetos”. Pero ello no implica que no deban ser tenidos en cuenta por el Derecho Internacional.

Con acierto, Sonia Güell Peris precisa que  “A tal efecto es necesario partir de la afirmación que ninguna de ellas posee capacidad decisoria formal en el transcurso de los procesos de creación y aplicación de las normas jurídicas internacionales a las que se ha aludido anteriormente. En otras palabras, no legislan, no ejecutan y no juzgan porque siguen siendo éstas esferas de competencia exclusiva del Estado y de algunas Organizaciones Internacionales. Ahora bien, ello no es óbice para reconocer que su presencia en el contexto internacional, aunque solo sea por el mero hecho de ejercer actividades transnacionales adscritas a ámbitos en los que confluyen intereses multidimensionales, hace que se encuentren en posición de captar la atención del Derecho internacional en forma de atribución de algunos derechos y/u obligaciones. En algunos casos será la atención de normas internacionales asociadas a las operaciones económicas, en otros atraerán normas relacionadas con los derechos humanos o incluso concernidas con la limitación de los medios y métodos de combate. De ahí que resulte pertinente afirmar que, desde la perspectiva del Derecho internacional, las tres entidades objeto de estudio constituyen actores formalmente extraños, en distinta medida influyentes y parcialmente vinculados a sus normas de tal modo que ocupan posiciones de diversa índole y naturaleza con trascendencia jurídico internacional.”[36]  

Desde otra perspectiva, algunos autores han analizado el desempeño de estos actores no estatales en casos puntuales, como en  Colombia, calificando  su actuación como “diplomacia ciudadana”. Así Luis Trejos concluye afirmando su capacidad de inserción internacional, al ejercer notoria influencia en las decisiones de otros actores de la comunidad internacional.[37]

 

c.- Un actor especial: el caso de la Iglesia Católica, sujeto del Derecho Internacional

 La Iglesia Católica posee  una historia de dos mil años de vida, actuando en todos los rincones de la tierra y sin medir fronteras en su proceder; lo que demuestra claramente  su internacionalidad.

Si bien en la actualidad la Iglesia, como sujeto del derecho internacional  puede ser identificada con el Estado del Vaticano; ello no cuadraría con la realidad de las relaciones internacionales, ni con la influencia que la religión cristiana ejerce en la comunidad internacional, con independencia del juicio personal que cada uno pueda hacer sobre el contenido de la misma.

Como podremos seguidamente, se trata de un sujeto especial  pues si bien actúa muchas veces como un estado, incluso allí persigue fines que son sustancialmente distintos a los que normalmente podría tener un estado, basados más que nada en cuestiones atientes a su soberanía o a su comercio.

Desde su historia, la Iglesia siempre procuró “pensar” globalmente, y en el medioevo se constituyó  la “cristiandad medieval”, donde el factor religioso fue lo central de tal sociedad[38]. Se trató de una suerte unión de naciones cristianas, donde según Verdross  el Papa era como el “órgano central de la comunidad internacional medieval”.[39] Allí el Papado comenzó su actuación  como supremo árbitro y mediador entre los conflictos de los príncipes cristianos. Por ello muchos autores reconocen a la Iglesia Católica como una suerte de primer tribunal de paz y arbitraje. Así, por ejemplo Truyol y Serra señala que “entre los rasgos distintivos de este derecho de Gentes Cristiano Medieval, ha de mencionarse en primer lugar el esfuerzo de la Iglesia por atenuar y refrenar las luchas…”[40].La unidad referida va a entrar en decadencia con la Reforma, que implicó el quiebre de la Cristiandad y por lo tanto de la consideración del Papado como una autoridad superior a los distintos entes políticos de Europa.

Sin embargo la influencia de la Iglesia permaneció en el plano internacional, no solo en su condición de “estados pontificios” sino también a través de la doctrina de sus miembros. Entre ellos vale la pena destacar a Francisco de Vitoria, profesor de la Universidad de Salamanca, quien es considerado como el padre del Derecho Internacional Público[41]. Cançado Trindade  destaca la figura de Vitoria, expresando que  “dió un aporte pionero y decisivo para la noción de la prevalencia del Estado de Derecho: fue el quien sostuvo con lucidez, en sus Reelecciones Teológicas (1539-1539) que el ordenamiento jurídico obliga a todos(gobernantes y gobernados), y la comunidad internacional(Totus orbis) prima sobre el arbitrio de cada estado individual.[42].

Al perder su territorio con la unificación de Italia, la Iglesia continuó actuando en el plano internacional, sin ser un “estado”[43].  Así, durante el pontificado de León XIII (el famoso papa de la “cuestión social”) aún sin territorio, logró desarrollar una intensa actividad diplomática, estableciendo  relaciones con  Rusia y con Japón y también  al designar  un delegado apostólico en Estados Unidos.  

Posteriormente, sucedieron a León XIII los papas Pío X y Benedicto XV quienes tuvieron que enfrentar la problemática de la Gran Guerra.  En lo que hace a la materia internacional, merece destacarse la figura de Benedicto XV[44].  Este Papa, estableció relaciones con Polonia, Irlanda y los nuevos Estados bálticos, con quienes firmó concordatos. También tuvo especial trascendencia la normalización de relaciones con Francia en 1922[45].   

Pero es su actuación frente a la contienda bélica la que merece especial consideración, como verdadero actor en las relaciones internacionales de la época. Así el 1 de agosto de 1917 dirige una “Nota de paz”  a los gobernantes de las naciones en guerra. Dicho escrito contenía afirmaciones concretas sobre las condiciones de paz. Donde expresaba siete puntos y proponía unas bases de negociación muy concretas: evacuación del norte de Francia y Bélgica y restitución a Alemania de sus colonias; negociaciones que desde sus inicios debían llevarse “con disposiciones conciliadoras que tuviesen en cuenta, en la medida de lo posible, las aspiraciones del pueblo”; examen de las cuestiones territoriales pendientes entre Francia y Alemania, Austria e Italia, y de los problemas relativos a Armenia, Estados balcánicos y Polonia; - renuncia recíproca a las indemnizaciones de guerra;  Independencia de Bélgica aceptación de un principio que asegurase la libertad y la utilización conjunta de los mares; desarme simultáneo; Institución del arbitraje internacional obligatorio, restableciendo la fuerza suprema del derecho. Benedicto XV procuró en varias oportunidades alcanzar a paz, escribiendo y mediando con los contendientes.

Sin embargo, sólo logro  éxitos en cuestiones humanitarias. Así, se creo la Oficina Provisional a Favor de los Prisioneros de Guerra, a cargo de Monseñor Federico Tedeschini. Su objetivo era  recabar datos sobre combatientes desaparecidos y trasladar la información a sus familias. Todas estas iniciativas del Papa se llevaron a cabo sin excluir a nadie por motivos de religión o nacionalidad.  Se logró que miles de prisioneros de guerra heridos fueran trasladados a países neutrales.

Posteriormente, al finalizar la guerra, Benedicto XV emitió una encíclica donde convocaba a la reconciliación de las naciones, cuestión que no fue receptada por el Tratado de Versalles.

Ya con otro pontificado, años más tarde, en 1929 se firma el Tratado de Letrán[46] entre el reino italiano y la Santa Sede. El Pacto, que incluía un concordato, puso fin a la “cuestión romana”  y regulo las relaciones entre ambas partes, naciendo así el Estado de la Ciudad del Vaticano.

En cuanto a la Segunda guerra Mundial, es importante destacar que antes de que se desate la misma, la Iglesia fue la primera gran voz en condenar la doctrina del nazismo alemán. En efecto, en 1937 el papa Pio XI, a iniciativa de los obispos alemanes emitió la Encíclica Mit Brennender Sorge,  expresando que “Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero.”[47]

 El accionar de la Iglesia como actor internacional no puede ser resumido en estas líneas, pero para marcar su incidencia en las relaciones internacionales y también en la formación del derecho internacional, procuraré señalar algunos aspectos como muestra de ello. Por un lado, formalmente  el Vaticano sostiene relaciones diplomáticas con más de 170 países y por más que no es miembro de las naciones Unidas, participa de la misma en su calidad de observador permanente. Varios pontífices hablaron en la Asamblea General: Pablo VI en 1965;  Juan Pablo II en 1979 y en 1995; Benedicto XVI en 2008 y Francisco en 2015.

Su intervención en las relaciones internacionales ha procurado dirimir controversias, especialmente ante situaciones de crisis que amenazaban con producir un conflicto armado. Un claro ejemplo lo encontramos en el conflicto por el Beagle, entre Argentina y Chile, donde Juan pablo II designó al cardenal Antonio Samoré como mediador.

Por otra parte, ante la creación de Corte Penal Internacional, su participación en la conferencia de Roma, tuvo importante influencia en la redacción de determinados artículos del Estatuto de la Corte. Así, en algunos temas sensibles para su doctrina, la Iglesia logró que en las aclaraciones de “términos” en el art. 7 se aprobara el siguiente texto: “2.f) Por "embarazo forzado" se entenderá el confinamiento ilícito de una mujer a la que se ha dejado embarazada por la fuerza, con la intención de modificar la composición étnica de una población o de cometer otras violaciones graves del derecho internacional. En modo alguno se entenderá que esta definición afecta a las normas de derecho interno relativas al embarazo”[48]

Asimismo, en otro apartado que aclara los términos empleados, también obtuvo la aprobación del siguiente texto contrario a la “perspectiva de género”:  “3. A los efectos del presente Estatuto se entenderá que el término "género" se refiere a los dos sexos, masculino y femenino, en el contexto de la sociedad. El término "género" no tendrá más acepción que la que antecede.”

Así, vemos que la Iglesia ha estado presente como un actor fundamental en el desarrollo de la comunidad internacional, no sólo cuando tuvo “poder temporal” como soberano de los estados pontificios.  En el período donde no contó con territorio, vimos su importante accionar con Benedicto XV. Entre los ejes principales o fines de su acción es dable destacar los siguientes: búsqueda de la Paz, respeto por la dignidad humana y libertad religiosa,  derecho a la vida y contra la perspectiva de género.

 

IV.- Conclusiones.

Hace unos meses en Oeiras (Lisboa) se efectuó un encuentro Luso-español de profesores de derecho internacional y relaciones internacionales[49]. Allí se debatió el tema de “Los sujetos no estatales en el Derecho internacional”. En esa oportunidad el profesor Carlos Fernández Liesa[50] en la conferencia inaugural destacó el papel de la globalización cultural y su impacto en el Derecho internacional y afirmó la ampliación de los sujetos no estatales en el derecho internacional. Mencionó como trascedente la inclusión de las “víctimas” en el proyecto que la Comisión de Derecho Internacional aprobó en 2016 sobre “desastres internacionales y sus víctimas”[51]. De esa manera. El profesor español resaltó el fenómeno de la “desterritorialización del derecho” junto con la ampliación y diversificación de los sujetos, criticando la teoría de la subjetividad por su carácter formalista que no da cuenta de la realidad internacional. A su vez, destacó también el importante papel de los sujetos no estatales como “motor” de los Tratados Internacionales. Si bien gran parte de las afirmaciones del profesor Fernandez Liesa son ciertas, el debate producido luego me dejo algunas incertidumbres A ello contribuyó  la intervención del profesor emérito Manuel Pérez Gonzalez, quien asistió a las jornadas y al final de las mismas se permitió leer un párrafo por él escrito años atrás, reafirmando la postura clásica:  “algunas entidades que actúan en la escena internacional, como las empresas transnacionales o las organizaciones internacionales no gubernamentales, cualquiera que pueda ser su relevancia como actores internacionales, carecen por lo general de subjetividad internacional al no depender en cuanto a su estatuto jurídico del Derecho. Internacional sino del derecho de uno o varios estados.”[52]

En virtud de lo expuesto, podemos concluir que la Comunidad Internacional actual ha sufrido cambios considerables en cuanto los actores que se desenvuelven en la esfera internacional. Así, estos nuevos actores ejercen notoria influencia en el desarrollo del Derecho Internacional, muchas veces en forma mediata, ya que en verdad, salvo los individuos y las Organizaciones internacionales, no cuentan con una real subjetividad internacional. También hemos analizado el particular caso de la Iglesia Católica, que escapa a los parámetros de análisis típicos de la subjetividad internacional.

Por otra parte,  en el caso de las ONG y las ETN, la doctrina actual no duda en afirmar que inciden, cada vez con mayor intensidad, en los procesos de elaboración y aplicación del Derecho Internacional. Como lo refiere Sonia Güell Peris “Se trata de un papel dinamizador visible en variados ámbitos entre los que destaca la aportación de servicios de consultoría en diversos órganos principales de Naciones Unidas, su presencia y capacidad de presión en procesos negociadores de importantes tratados internacionales y por su contribución en ámbitos relacionados con la aplicación de las normas jurídicas e incluso en el marco de la solución de controversias internacionales”[53]. A continuación las diferencia de las empresas militares de seguridad privada: “No puede en cambio decirse lo mismo de las EMSP. En este caso es un actor cuya presencia en los conflictos armados y en el marco del uso de la fuerza ejercida más allá del Estado del cual es nacional, le ubica necesariamente en una posición de sujeto receptor de obligaciones y prohibiciones contenidas en ciertas normas de Derecho Internacional. Sin embargo carece de un papel de implicado dinámico en su desarrollo y aplicación semejante al referido en los dos casos anteriores. A mayor abundamiento las EMSP constituyen un fenómeno relativamente reciente que presenta algunos problemas jurídicos.. “[54]

En definitiva, asistimos a una importante ampliación y diversificación de los actores internacionales, sin poder aún otorgarles a todos ellos la categoría de sujetos del derecho internacional. Sin embargo, no existentes mayores  impedimentos que impidan en el futuro cercano que esta perspectiva cambie, especialmente en el plano de los sistemas de protección de Derechos Humanos. Es más, actualmente  en lo que respecta a las Ong, las mismas pueden  presentar un petición ante la Comisión Interamericana. Así lo prevé expresamente el artículo 44 de la Convención americana de Derechos Humanos:  “Cualquier persona o grupo de personas, o entidad no gubernamental legalmente reconocida en uno o más Estados miembros de la Organización, puede presentar a la Comisión peticiones que contengan denuncias o quejas de violación de esta Convención por un Estado parte.”[55].

En el caso Interamericano, la puerta está abierta especialmente para las organizaciones no gubernamentales, de manera franca[56]. En los otros, como ya se señaló, actúan de forma mediata. Pero no hay óbice de magnitud imperativa para que, la constante evolución de nuestra disciplina hacia una mayor institucionalización impida, en un futuro cercano,  ampliar los sujetos en el sentido indicado. 

 

 

 

 



[1] REDI VOL. 69 -1, 2017, editorial del catedrático Jose A. Pastor Ridruejo.

[2] Por ejemplo,  desde el ángulo de la responsabilidad internacional, también se puede dar la utilización del término “actores no estatales”, como  se trata en una reciente publicación: “Actores no estatales y responsabilidad internacional del Estado”, BALLESTEROS MOYA, V.  Bosch edit, Madrid 2016. 

 

[3] BARBE,  Los actores internacionales,  en Relaciones Internacionales, Tecnos, Madrid 1995, pág.  172 y ss.

[4] MERLE, Marcel,   Sociología de las relaciones internacionales, Madrid, Alianza 1978, pág. 146 y ss.

[5] Cfr. GARCIA SEGURA, Caterina, La evolución del concepto de actor en la teoría de las relaciones internacionales, Papers Revista de sociología, nro 40. Pag. 15

[6] Para ampliar este aspecto en cuanto a los entes subnacionales  y también una visión parcialmente distinta de la subjetividad internacional, puede verse  el relato de Anahi Priotti en el XXV Congreso de la AADi. Cfr. Anuario AADI XXII, 2013, Pág. 121 y ss.

[7] CARRILLO SALCEDO, Juan Antonio “Soberanía de los estados y organización Internacional: una tensión dialéctica”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (España), Año 2007 Nro. 84, pág 403. (sesión del día 27 de Febrero de 2007).

[8] SOBRINO HEREDIA, José Manuel, La subjetividad internacional de las organizaciones internacionales,  cap. XIV de la obra de Diez de Velasco, “Derecho Internacional,  pág. 332.

[9] MERLE, Marcel, op. Cit. pág. 386.

[10] En lo referente a los actos  emanados de las organizaciones (que tienen diversas denominaciones: como resoluciones, declaraciones, recomendaciones, reglamentos, etc…), cabe  señalar los requisitos elementales que hacen a su validez. Deben, en  primer término, ser dictados por el órgano correspondiente de la Organización a quien el Tratado constitutivo le atribuye la competencia. A su vez, debe cumplirse con el procedimiento establecido para la toma de una decisión, es decir el sistema de votación respectivo y también debe estar dentro de las competencias de la Organización. En ciertas oportunidades la Corte Internacional se ha pronunciado en estas cuestiones, como por ejemplo cuando se cuestionó la validez de la Resolución 284 (1970) del Consejo de Seguridad, que carecía de la “unanimidad” de votos de los miembros permanentes.

[11] CANÇADO TRINDADE, Antonio Augusto, “A humanizaçao do Directo Internacional”, Edit. Del Rey, Belo Horizonte, 2006, Brasil, pág 122 y 123.  En otro artículo suyo también cita como un importante antecedente en la materia  al dictum de la CPJI en su opinión consultiva sobre la jurisdicción de los tribunales de Danzing (1928) “al efecto de que los tratados pueden otorgar derechos directamente a individuos”… y concluye que “la Corte así anunció la emergencia de la persona humana como beneficiaria directa de las normas internacionales de los derechos humanos” CANÇADO TRINDADE, Antonio Augusto, Los derechos no susceptibles de suspensión en la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia,  en  “Estudios básicos de DDHH” , Tomo VI, IIDH, Costa Rica 1999.

[12] Voto concurrente del juez A.A. CANÇADO TRINDADE en Medidas Provisionales solicitadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos respecto de Colombia Caso de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Cita allí también la postura del juez TANAKA de la CIJ.

[13] CASSESE, Sabino, La crisis del Estado, Lexis Nexis, Abeledo Perrot, BsAs,2003. Pág.81.

[14] Sin entrar a desarrollar este tema, piénsese el claro ejemplo de la Argentina y los grupos de manifestantes de grupos políticos que a diario toman por la fuerza los espacios públicos, cortando calles o rutas sin que el gobierno del estado (en ninguna de sus funciones) pueda garantizar el orden público y el pleno ejercicio del derecho de todos los ciudadanos, como ser el de circular libremente por el territorio nacional.

 

[15] Mathews , Jessica “Power Shift”, Foreign Affairs, vol. 76, nº 1, enero-febrero de 1997, citado por SANAHUJA  ¿Un mundo unipolar, multipolar, o apolar?La naturaleza y distribución del poder en la sociedad internacional contemporánea.

[16]  DIEZ DE URDANIVIA FERNANDEZ, Xavier, El estado en el contexto global, Edit. Porrúa, México, 2008, pág 55.

[17] Ídem ant.

[18] MESSNER, Dirk. La transformación del Estado y la política en el proceso de globalización. Nueva sociedad, 1999, vol. 163, p. 71-91.

[19] Ídem ant, pág 77.

[20] Además, el jurista italiano agrega otro factor que incide en esta pérdida de poder de los estados: el mercado. Cassese afirma “el vaciamiento de los estados que ceden sus poderes al mercado, reduciendo el ámbito de su acción y retrayéndose (así por ejemplo para garantizar el valor de la moneda, la corrección de los ciclos económicos, la tutela de las fronteras, etc…) .

 

[21] También conviene advertir, como lo hace Pedro de Vega Garcia,  que a consecuencia de la mundialización económica,  los poderes políticos reales que la Constitución debía controlar se convierten en poderes ocultos.

[22] CASSESE, Sabino op cit, pag. 89.

[23] Cassese ilustra el caso con el ejemplo de los órganos estatales de intervención en el sector agrícola en los países de europa, que son al mismo tiempo instrumentos de la política agrícola comunitaria.

[24] ZAPATERO MIGUEL, Pablo  La trasformación del Estado en un nicho de mercados: disciplinas globales de la contratación pública, Revista Electrónica de Estudios Internacionales, Nro. 27, España 2014.

[25] Cfr. Revista Papers nro 41   editorial pág 7/9. Barcelona, 1993

[26] GARCIA SEGURA, Op. Cit, pág15.

[27] SERRANO CABALLERO, Enriqueta, Las ong como actores de las relaciones internacionales, Madrd 1999. Se trata de su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid.

[28] CALDUCH, R.,  Relaciones Internacionales. Edit ciencias sociales, Madrid 1991, capitulo  11.

[29] Ídem ant. Calduch cita a Vellas, que las define como “organizaciones de derecho privado con vocación internacional”.

[30] Ídem ant.  También disponible en https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-55159/lib1cap11.pdf

[31] GÜELL PERIS, Sonia  El papel de las ONG, ETN y EMSP en la resolución de crisis relacionadas con la seguridad internacional: una perspectiva desde el derecho internacional en Cuadernos de estrategia,  Nº. 147, 2010   págs. 25/73

[32] Ídem ant.

[33] Artículo 71:El Consejo Económico y Social podrá hacer arreglos adecuados para celebrar consultas con organizaciones no gubernamentales que se ocupen en asuntos de la competencia del Consejo. Podrán hacerse dichos arreglos con organizaciones internacionales y, si a ello hubiere lugar, con organizaciones nacionales, previa consulta con el respectivo Miembro de las Naciones Unidas.   

A su vez, el ECOSOC, en su Reglamento Interno establece un Comité especial para las ONG. Asi en el artículo 80 del mismo consigna que  El Comité encargado de las Organizaciones no Gubernamentales

estará integrado por 19 Miembros de las Naciones Unidas que serán elegidos por cuatro años sobre la base de una representación geográfica equitativa. Añade también que  El Comité desempeñará las funciones que le confiera el Consejo en relación con los arreglos para celebrar consultas con las organizaciones no gubernamentales adoptados por el Consejo de conformidad con el Artículo 71 de la Carta.

http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=E/5715/Rev.2

 

[34] En su  Xª sesión, aprobó la Resolución 288 B por la que se establecieron las condiciones y el marco en el que se desarrollarían tales consultas.

[35] MESSNER, op. Cit. pág. 78.

[36] Op. Cit,  pág. 29. Se refiere a las ONG, a las Empresas Transnacionales y alas  EMSP (empresas militares y de seguridad privada)

[37] Cfr. TREJOS ROSERO, Luis F. “los actores no estatales en la sociedad internacional: una aproximación a la diplomacia ciudadana en Colombia”, en Rev.  Investigación y desarrollo, Vol. 24 (2016), pág. 90.

[38] GONZALEZ CAMPOS, Julio, SANCHEZ RODRIGUEZ, Luis y ANDRES SÁENZ DE SANTA MARIA, Paz ;Curso de Derecho Internacional Público, pág.  64  Civitas, Madrid 1998.

[39] VERDROSS, Alfred, derecho Internacional Público, edic. Aguilar, Madrid 1969, pág. 34.

[40] TRUYOL Y SERRA, Antonio, Historia del Derecho Internacional Público,Tecnos , Madrid 1998. pág.32 y ss. Agrega luego que era frecuente el recurso al arbitraje.

[41] JIMENEZ DE ASUA, Luis,  Los grandes juristas españoles, Abeledo Perrot, Bs.As. pág. 28.

[42] CANÇADO TRINDADE, op. cit. pág 119. También Benedicto XVI al hablar ante la Asamblea de la ONU, recordó a Vitoria: El principio de la responsabilidad de proteger fue considerado por el antiguo ius gentium como el fundamento de toda actuación de los gobernadores hacia los gobernados: en tiempos en que se estaba desarrollando el concepto de Estados nacionales soberanos, el fraile dominico Francisco de Vitoria, calificado con razón como precursor de la idea de las Naciones Unidas, describió dicha responsabilidad como un aspecto de la razón natural compartida por todas las Naciones, y como el resultado de un orden internacional cuya tarea era regular las relaciones entre los pueblos. Hoy como entonces, este principio ha de hacer referencia a la idea de la persona como imagen del Creador, al deseo de una absoluta y esencial libertad(discurso del 18 de abril de 2008).

[43] En 1871 el Parlamento aprobó la “Ley de las Garantías”, que  consideraba inviolable a la persona del Papa, reconocía su capacidad de legación activa y pasiva, y le concedía el uso de los palacios del Vaticano, Letrán y de las villas de Castelgandolfo.  

[44] El 3 de septiembre de 1914, fue nombrado sucesor de Pío X el entonces arzobispo de Bolonia,  cardenal Giacomo della Chiesa, que eligió llamarse Benedicto XV. Le tocó en suerte conducir  a la Iglesia en un tiempo donde no contaba con el poder temporal de un territorio y con una guerra mundial apenas iniciada.

[45]Previamente, el 16 de mayo de 1920, el Papa canonizó a Juana de Arco, día que se convirtió en fiesta nacional. 

[46] Firmaron, a nombre del Papa, el cardenal Pietro Gasparri y, a nombre del rey Víctor Manuel III, Benito Mussolini

[47] Encíclica Mit Brennender Sorge , nro 15.

[48] Para ello conto con el apoyo de Argentina, Irlanda, Andorra y Guatemala.

[49] VII ENCUENTRO LUSO-ESPAÑOL DE PROFESORES DE DERECHO INTERNACIONAL Y RELACIONES INTERNACIONALES, Oeiras, Lisboa (Portugal)2-3 de junio de 2017.

[50] Catedrático de Derecho Internacional Público en la Universidad Carlos III de Madrid.

[51] http://legal.un.org/ilc/reports/2016/spanish/chp4.pdf

[52] PEREZ GONZALEZ, Manuel, La subjetividad Internacional, en la obra de DIEZ DE VELAZCO

[53] Op cit. pág. 30.

[54] Dicha autora concluye que en lo que  respecta a los tres actores objeto de análisis, no hay duda de que en el caso de las ONG y las ETN se trata de sujetos de las relaciones internacionales porque es innegable su participación en el llamado plano sociológico del sistema. Pero  reduce la importancia de las empresas militares de seguridad privada.

[55] En igual sentido el artículo 23 del Reglamento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, prescribe: “cualquier persona o grupo de personas, o entidad no gubernamental legalmente reconocida en uno o más Estados miembros de la OEA puede presentar a la Comisión peticiones en su propio nombre o en el de terceras personas, referentes a la presunta violación de alguno de los derechos humanos reconocidos, según el caso, en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Convención Americana sobre Derechos Humanos”.

[56] CFR. OPINIÓN CONSULTIVA de la Corte Interamericana de DDHH (OC-22/16 de 26 de febrero de 2016 solicitada por la república de Panamá)

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